Todo se permite excepto fumar
Londres. Hay abundantes indicaciones de que el mundo occidental está loco: el juicio de O.J. Simpson, la polémica genital en la Casa Blanca, el culto a Diana y a Tony Blair. Pero igualmente empapados de histeria están los ataques contra el tabaco. Viendo las demandas contra las tabacaleras y la implacable persecución de su negocio me pregunto a dónde fue a parar el buen sentido.
Pausemos un momento para considerar el estado del mundo. Por casi todas partes de Europa y América, la familia está dislocada, el crimen ha alcanzado niveles intolerables y grandes cantidades de jóvenes viven en un estupor ateo, sus mentes aturdidas por las drogas, el sexo y la cultura popular, sus logros educacionales en decadencia irreversible. La pornografía y la violencia llenan la pantalla de la televisión, la virtud y la lealtad causan burla y risas, mientras que pocos se preocupan por el mañana. Por otra parte, la mafia rusa penetra la economía mundial, los tigres de Asia están al borde del colapso y Saddam Hussein sigue acumulando su arsenal de armas de destrucción masiva, animado por un sentimiento de venganza hacia el resto de nosotros.
En tales circunstancias uno pensará que requeriremos liderazgo. Sólo políticas decisivas lograron mitigar los peligros que nos acosan.
Entonces, no es muy raro que en California, donde los conflictos raciales, el SIDA y el libertinaje debilitaban la estructura social, la legislatura estatal prefiera concentrar su energía en prohibir que se fume en sitios públicos. Acaso, no es igualmente extraño que el comisionado de asuntos sociales de la Unión Europea, Padraig Flynn, quien debiera estar profundamente preocupado por el narcotráfico, la pedofilia y la delincuencia juvenil, ha decidido que lo que se debe hacer es prohibir la publicidad de cigarrillos.
Es indicativo de nuestros tiempos que la única cruzada moral con apoyo gubernamental está dirigida contra la única fuente de placer sensual que no proviene, como las drogas y la pornografía, de la delincuencia desbordada. Claro que abusar del tabaco daña nuestra salud. Lo mismo pasa con la carne, el jamón, el licor y las computadoras, Además, qué queremos decir con salud. El fumador común y corriente obtiene con su hábito relajación mental, confianza social y una fácil manera de mostrar su hospitalidad. ¿No es todo ello parte de la salu§d? Y estamos en lo correcto en cambiar eso porque unos pocos años adicionales de vida, cuando la mayoría de nosotros ya estamos viviendo durante demasiado tiempo.
Pero el señor Flynn no acepta nada de esto. Ha pasado la aplanadora con su prohibición de la publicidad de cigarrillo en la Comisión Europea. Como a menudo sucede en Bruselas, un burócrata no elegido decidió ignorar los planteamientos de los empresarios, los consumidores y los gobiernos, imponiendo una medida que no tiene justificación, el alocado perjuicio contra el tabaco.
Claro que aún si pensamos que fumar es malo, no nos hubiésemos dejado convencer que el humo de terceros, a pesar de la total falta de evidencia, es un peligro real, la prohibición de la publicidad no tiene sentido. Simplemente petrifica el mercado, destruye la competencia y elimina toda motivación para que las tabacaleras desarrollen nuevos y más seguros productos.
¿Por qué esa agresión contra el tabaco? La contestación es "corrección política". El cigarrillo es un hábito "macho". Sus adeptos no exigen los privilegios reclamados por las feministas, las minorías étnicas o los grupos dedicados a socavar la cultura occidental. Los fumadores pueden ser atacados sin costo político porque nadie está dispuesto a defenderlos. Claro que ni siquiera la legislatura de California puede prohibir fumar en los bares de las reservaciones indias. Eso no será políticamente correcto. Los indios son una minoría étnica y por lo tanto, fuera del alcance de los entrometidos que persiguen a todos los demás.
Cuando las cosas están realmente mal, la política más fácil es atacar la viejas costumbres de la sociedad occidental, los líderes de opinión estarán contigo y los gritones profesionales quedarán callados. El hecho que no se les está haciendo ningún bien a nadie, tiene poco o nada que ver.
Pausemos un momento para considerar el estado del mundo. Por casi todas partes de Europa y América, la familia está dislocada, el crimen ha alcanzado niveles intolerables y grandes cantidades de jóvenes viven en un estupor ateo, sus mentes aturdidas por las drogas, el sexo y la cultura popular, sus logros educacionales en decadencia irreversible. La pornografía y la violencia llenan la pantalla de la televisión, la virtud y la lealtad causan burla y risas, mientras que pocos se preocupan por el mañana. Por otra parte, la mafia rusa penetra la economía mundial, los tigres de Asia están al borde del colapso y Saddam Hussein sigue acumulando su arsenal de armas de destrucción masiva, animado por un sentimiento de venganza hacia el resto de nosotros.
En tales circunstancias uno pensará que requeriremos liderazgo. Sólo políticas decisivas lograron mitigar los peligros que nos acosan.
Entonces, no es muy raro que en California, donde los conflictos raciales, el SIDA y el libertinaje debilitaban la estructura social, la legislatura estatal prefiera concentrar su energía en prohibir que se fume en sitios públicos. Acaso, no es igualmente extraño que el comisionado de asuntos sociales de la Unión Europea, Padraig Flynn, quien debiera estar profundamente preocupado por el narcotráfico, la pedofilia y la delincuencia juvenil, ha decidido que lo que se debe hacer es prohibir la publicidad de cigarrillos.
Es indicativo de nuestros tiempos que la única cruzada moral con apoyo gubernamental está dirigida contra la única fuente de placer sensual que no proviene, como las drogas y la pornografía, de la delincuencia desbordada. Claro que abusar del tabaco daña nuestra salud. Lo mismo pasa con la carne, el jamón, el licor y las computadoras, Además, qué queremos decir con salud. El fumador común y corriente obtiene con su hábito relajación mental, confianza social y una fácil manera de mostrar su hospitalidad. ¿No es todo ello parte de la salu§d? Y estamos en lo correcto en cambiar eso porque unos pocos años adicionales de vida, cuando la mayoría de nosotros ya estamos viviendo durante demasiado tiempo.
Pero el señor Flynn no acepta nada de esto. Ha pasado la aplanadora con su prohibición de la publicidad de cigarrillo en la Comisión Europea. Como a menudo sucede en Bruselas, un burócrata no elegido decidió ignorar los planteamientos de los empresarios, los consumidores y los gobiernos, imponiendo una medida que no tiene justificación, el alocado perjuicio contra el tabaco.
Claro que aún si pensamos que fumar es malo, no nos hubiésemos dejado convencer que el humo de terceros, a pesar de la total falta de evidencia, es un peligro real, la prohibición de la publicidad no tiene sentido. Simplemente petrifica el mercado, destruye la competencia y elimina toda motivación para que las tabacaleras desarrollen nuevos y más seguros productos.
¿Por qué esa agresión contra el tabaco? La contestación es "corrección política". El cigarrillo es un hábito "macho". Sus adeptos no exigen los privilegios reclamados por las feministas, las minorías étnicas o los grupos dedicados a socavar la cultura occidental. Los fumadores pueden ser atacados sin costo político porque nadie está dispuesto a defenderlos. Claro que ni siquiera la legislatura de California puede prohibir fumar en los bares de las reservaciones indias. Eso no será políticamente correcto. Los indios son una minoría étnica y por lo tanto, fuera del alcance de los entrometidos que persiguen a todos los demás.
Cuando las cosas están realmente mal, la política más fácil es atacar la viejas costumbres de la sociedad occidental, los líderes de opinión estarán contigo y los gritones profesionales quedarán callados. El hecho que no se les está haciendo ningún bien a nadie, tiene poco o nada que ver.