Todos ganamos
Estaba Diógenes en una esquina riendo como un loco. “¿De qué te ríes?”, le preguntó un ciudadano. “¿Ves esa piedra que hay en el medio de la calle? Desde que llegué aquí esta mañana, diez personas han tropezado con ella y han maldecido, pero ninguno se ha tomado la molestia de retirarla, para que otro no tropiece con ella”. Nos causa pesar observar cómo nuestra primera casa de estudios, la Universidad de Panamá, ha sido relegada a un segundo plano, que cuando salimos a la palestra pública es porque nos hallamos en la picota de algún problema que nos deja mal parados ante la faz ciudadana. ¿Cómo es posible que la casa de Méndez Pereira, centro por años de debates de Estado, quede reducida a tan insignificantes méritos? Y es que hoy hay otras universidades que por derecho propio supervisamos y que nos están “comiendo el mandado”, como se dice en el argot panameño.
La fuerza y pujanza de nuestro destino histórico ha menguado, desde los años de 1968 en que, a raíz de la dictadura militar, se entronizó a los “Rectores de a dedo” y que por la cercanía o bendición de un coronel o general, perdiésemos nuestra identidad de Patria, siguiendo luego por el de los nombrados a la luz y guías de los partidos de turno, con el debido respeto a nuestro estudiantes que, pese a ello y con las limitantes propias de sus mentes jóvenes, también se hacen eco de los vaivenes de la partidocracia, pero intentan aún ser el faro que resplandezca en la conciencia nacional. Se avecina el próximo año otro torneo electoral en que escogeremos un nuevo rector, y es que tenemos que poner un alto al desgreño administrativo, al poco interés de crear planes cónsonos con la globalización, y dejar de sacar al mercado nacional las pléyades de desempleados con títulos obsoletos, así como de retomar el papel que corresponde a la primera casa de estudios en el ámbito nacional, el de vanguardia educativa.
Por ello, hemos de librarnos de aquellos que por años se han creído dueños de los puestos de mando en la Universidad, como si fuesen los únicos que pudiesen dirigir la misma. Y es que para acceder a la rectoría, se han entronizado la fuerza del poder económico (le cuesta no menos de B/.250,000.00 al que se atreva) y la politiquería propia de los estamentos legislativos y ejecutivo, lo que ha sumido al erario público en un gran caos, con la compra de conciencias y de votos.
Es por esto que se ha perdido academia, el debate, la honestidad, la pujanza y el mérito, como base fundamental y única para lograr la finalidad de elegir un rector de lujo, y que devuelva el brillo y poder de convicción a un pueblo que sólo anhela que el dinero invertido en esta institución, le sea retornado con profesionales honestos y preparados, con alto sentido de ética y moral, dignos ciudadanos.
Un grupo de académicos y amigos (as), hemos decidido solicitar a un compañero que, luego de 33 años de servicios se acogería a su pensión y a su retiro digno, después de proyectarse con fulgor en todo lo que se propuso, una última batalla, el rescate de nuestra primera casa de estudio, y éste es José Chen Barría, quien ha desempeñado y destacado profesionalmente tanto en el sector público como privado. Si deseamos un real cambio que signifique algo para el país y el estudiantado, y enmarcarnos con la reforma de la excelencia académica y visión de patria, aunados a la dinámica y honestidad, hagamos el ejercicio del cambio; pero si este examen de conciencia no hallare el resultado por mezquindad nuestra y por pelechar del nepotismo, “no nos sentemos a llorar como niños, lo que no supimos pelear como hombres y mujeres” y recordad “que cada pueblo tiene el gobierno que se merece”, así que salgamos y enfrentemos al destino con la frente en alto y hagamos el cambio, que se merece la primera casa de Méndez Pereira.
En la clínica, aunque no se les puede brindar servicio a los familiares de los veteranos, sí se incluye la atención de los familiares de los retirados, así como a las viudas de combatientes.
Precisamente con las viudas es que se pierde el contacto porque la gran mayoría no sabe que cuenta con los mismos beneficios que tiene un veterano de guerra.
Aquellos veteranos, retirados o viudas de ex combatientes en Panamá que deseen obtener mayor información sobre los servicios a los que tienen derecho, pueden llamar a los teléfonos de la clínica: 265-4145 ó 265-3433.
La fuerza y pujanza de nuestro destino histórico ha menguado, desde los años de 1968 en que, a raíz de la dictadura militar, se entronizó a los “Rectores de a dedo” y que por la cercanía o bendición de un coronel o general, perdiésemos nuestra identidad de Patria, siguiendo luego por el de los nombrados a la luz y guías de los partidos de turno, con el debido respeto a nuestro estudiantes que, pese a ello y con las limitantes propias de sus mentes jóvenes, también se hacen eco de los vaivenes de la partidocracia, pero intentan aún ser el faro que resplandezca en la conciencia nacional. Se avecina el próximo año otro torneo electoral en que escogeremos un nuevo rector, y es que tenemos que poner un alto al desgreño administrativo, al poco interés de crear planes cónsonos con la globalización, y dejar de sacar al mercado nacional las pléyades de desempleados con títulos obsoletos, así como de retomar el papel que corresponde a la primera casa de estudios en el ámbito nacional, el de vanguardia educativa.
Por ello, hemos de librarnos de aquellos que por años se han creído dueños de los puestos de mando en la Universidad, como si fuesen los únicos que pudiesen dirigir la misma. Y es que para acceder a la rectoría, se han entronizado la fuerza del poder económico (le cuesta no menos de B/.250,000.00 al que se atreva) y la politiquería propia de los estamentos legislativos y ejecutivo, lo que ha sumido al erario público en un gran caos, con la compra de conciencias y de votos.
Es por esto que se ha perdido academia, el debate, la honestidad, la pujanza y el mérito, como base fundamental y única para lograr la finalidad de elegir un rector de lujo, y que devuelva el brillo y poder de convicción a un pueblo que sólo anhela que el dinero invertido en esta institución, le sea retornado con profesionales honestos y preparados, con alto sentido de ética y moral, dignos ciudadanos.
Un grupo de académicos y amigos (as), hemos decidido solicitar a un compañero que, luego de 33 años de servicios se acogería a su pensión y a su retiro digno, después de proyectarse con fulgor en todo lo que se propuso, una última batalla, el rescate de nuestra primera casa de estudio, y éste es José Chen Barría, quien ha desempeñado y destacado profesionalmente tanto en el sector público como privado. Si deseamos un real cambio que signifique algo para el país y el estudiantado, y enmarcarnos con la reforma de la excelencia académica y visión de patria, aunados a la dinámica y honestidad, hagamos el ejercicio del cambio; pero si este examen de conciencia no hallare el resultado por mezquindad nuestra y por pelechar del nepotismo, “no nos sentemos a llorar como niños, lo que no supimos pelear como hombres y mujeres” y recordad “que cada pueblo tiene el gobierno que se merece”, así que salgamos y enfrentemos al destino con la frente en alto y hagamos el cambio, que se merece la primera casa de Méndez Pereira.
En la clínica, aunque no se les puede brindar servicio a los familiares de los veteranos, sí se incluye la atención de los familiares de los retirados, así como a las viudas de combatientes.
Precisamente con las viudas es que se pierde el contacto porque la gran mayoría no sabe que cuenta con los mismos beneficios que tiene un veterano de guerra.
Aquellos veteranos, retirados o viudas de ex combatientes en Panamá que deseen obtener mayor información sobre los servicios a los que tienen derecho, pueden llamar a los teléfonos de la clínica: 265-4145 ó 265-3433.