Todos luchan por su tierra prometida
En la recordada canción Civil War, de Guns N' Roses, hay un verso que dice: "That you can't trust freedom when it's not in your hands / When everybody's fighting for their promised land". Traducido al español, significa que no se puede confiar en la libertad cuando no está en nuestras manos, cuando todos están luchando por su tierra prometida. Es una manera poética de declarar los conflictos de interés, porque no necesariamente aquello que es bueno para nosotros lo será para los demás.
Ubicándonos en el escenario actual, las disputas por los recursos naturales parecen no tener fin. Si a esto se suman los eventos de variabilidad climática y el incremento de los costos en industrias altamente dependientes de los hidrocarburos, como ha ocurrido con la producción de fertilizantes y plaguicidas, cada día, ser más competitivos y alimentar a la población representan algunos de los principales desafíos de este nuevo milenio, que aún no llega a sus tres primeras décadas.
Si solamente se piensa de manera mercantilista y oligárquica, los sistemas productivos actuales están orientados principalmente a maximizar las ganancias, con lo cual las brechas sociales se agravan aún más. Como dice la citada canción: "Alimenta al rico mientras entierra al pobre", ubicando además a las personas que pueden desempeñar una determinada función como herramientas o instrumentos desechables, disponibles en una gran tienda de conveniencia.
En muchos casos, un orgullo vacío, producto de un condicionamiento social o simplemente de la búsqueda egoísta de un beneficio personal —la tierra prometida de cada quien— puede llevarnos a obviar principios y valores indispensables para la sana convivencia en sociedad. La cooperación ha sido un pilar fundamental en el avance de la civilización, pero si renunciamos a esa esencia humana solo por promesas vacías o por perseguir un beneficio sin escrúpulos, ¿qué estamos construyendo?
Gota a gota, mucha sangre se ha derramado por seguir ideales fatuos o aspirar a conquistas efímeras, dado que, en un arranque megalómano, ha habido personajes en la historia que se alienan de su condición finita y mortal como seres humanos. Esto no significa necesariamente que todo lo vivido haya sido malo. Como humanidad, hemos tenido la oportunidad de evolucionar y disfrutar de múltiples avances tecnológicos que, en muchos sentidos, nos han simplificado la vida.
Para poder seguir en carrera con la innovación, ello conlleva muchos sacrificios de tiempo, esfuerzo, dinero y, claro está, recursos naturales. El mayor capital con el que cuenta una nación es su talento humano; sin embargo, no todas las naciones brindan suficientes oportunidades para que dichas capacidades puedan desarrollarse, dando lugar a la tristemente conocida fuga de talentos hacia las grandes potencias. La tierra prometida no siempre es un territorio. Puede ser una posición, un privilegio, una oportunidad, una ventaja económica o incluso el reconocimiento que creemos merecer. Una de las razones por las que no se ha logrado un mayor florecimiento en ciencia, tecnología e innovación ha sido porque, como nación, no estamos invirtiendo los recursos suficientes para ello.
Se suele decir que Panamá es solamente un país valioso por el Canal de Panamá, la Zona Libre, el Área Bancaria, entre otros servicios. Pero, día a día, se debe alimentar a una población; día a día, los niños necesitan estudiar y se requiere sumar energía a la fuerza laboral. En síntesis, es correcto luchar por la tierra prometida que cada uno de nosotros desea, pero no puede ser con indiferencia ni perjudicando a los demás. Mucho se ha hablado de desarrollo sostenible, pero ¿somos conscientes del mundo que estamos construyendo y destruyendo? ¡Muchas gracias por leer!
Rubén D. Collantes G.
Ph. D. Investigador, Docente Universitario y Artista Marcial
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