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Todos somos responsables


Cada vez que escucho a ciertos aspirantes a puestos de elección popular, especialmente cuando denigran a sus adversarios o contrincantes políticos con retóricas desgastadas, me convenzo de que lo único que los mueve son los intereses creados y las egolatrías, aprovechándose de las carencias y la buena fe de la gente. Les endilgan la culpa de los problemas de la familia panameña a los partidos políticos, pero guardan silencio con respecto a otros organismos, instituciones y personas que también hacen, encubren y toleran cosas malas, así como también guardan silencio frente a una serie de hechos que son tan o más graves que aquello que cotidianamente censuran.

Los problemas o desequilibrios sociales, hasta donde yo entiendo, son los siguientes: alcoholismo, clientelismo, consumismo, corrupción, delincuencia, discriminaciones, egoísmo, egolatrías, enfermedades venéreas, especulación mercantil, inequidad, injusticias, maltrato infantil, latrocinios, manipulaciones, materialismo, monopolios, paternidad o maternidad irresponsables, promiscuidad sexual, prostitución, violencia doméstica, abortos provocados, indiferencia, orgullo, prepotencia, soberbia, tabaquismo farmacodependencia, entre otros. Estas situaciones son practicadas por todo tipo de personas, sin distingo de género, etnia, creencias, ideas políticas o clase socioeconómica.

Nuestra lectura, como especialistas en ciencias políticas y derecho, y otros conocimientos y ejecutorias en teología, sicología, sociología, comunicación social, etc., me llevan a concluir que los males sociales son responsabilidad de todos. El problema es la gente, el mal está en el corazón de las personas naturales, no en las personas jurídicas que son ficciones legales de los hombres.

Todos los seres humanos son malos y/o son proclives en hacer el mal. Hay quienes malgastan recursos monetarios mientras que hay gente que se muere de hambre o padece de desnutrición, regalan cosas y diversión, con el fin de ganar simpatías, demuestran que son lo mismo que tanto critican. ¿Qué se puede esperar de un pueblo que también está contaminado por la maldad y la corrupción?

La Palabra de Dios es lo suficientemente clara cuando profetiza que el mundo irá de mal en peor, y solo se corregirá cuando el Mesías retorne a la tierra. Por eso, los seres humanos no pueden cambiar el curso de la historia. El cambio está en las manos del Creador del Universo. Debemos ser parte de los cambios, bueno de aquellos que podamos hacer, pero en un ambiente de respeto, tolerancia, solidaridad y unidad. Es un solo país y un solo pueblo, las divisiones partidarias y electoreras son aberrantes e improductivas.

101 años de Panamá América

 
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