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Tolerancia errónea


Con frecuencia vemos aparecer por televisión que nuestras diligentes autoridades conducen arrestados homicidas, asaltantes, narcotraficantes y otras alimañas de la misma despreciable condición.
Irónicamente, esos descarados en la comisión de sus respectivos delitos, cuando son apresados, se cubren de inmediato los rostros mientras los conducen. Y nuestras autoridades, inocentemente, se constituyen así en sus protectores permitiéndoles encubrimiento del rostro en vez de impedírselo.
Todos los ciudadanos tenemos el derecho de conocer la cara de cualquier maleante que sea arrestado.
Tolerar que se tapen el rostro, es apadrinarles el intento de evadir su identificación. Cualquiera de ellos, si se escapa, podría pasar frente a un vecino vigilante u otro ciudadano sin que pudiera jamás ser descubierto, para informárselo a las autoridades.
Si cumplida la pena o tras su evasión de la cárcel uno de estos sujetos vuelve a agitarse en la sociedad, nadie lo reconocerá.
Hace unos 40 años en Puerto Rico, un asesino fue condenado por un jurado de conciencia. Al escuchar el veredicto, se dirigió hacia sus miembros diciéndoles altaneramente, que se las pagarían.
Al cabo de algún tiempo, se fugó de la cárcel. Estremeció al país. Mató a cinco de los que como jurado, lo condenaron.
Lo logró a pesar de que su rostro apareció en todos los periódicos del país. Qué no lograría un maleante que se fugara de la cárcel si por haberse cubierto el rostro cuando lo apresaron, nadie podría identificarlo
Así por ejemplo, el domingo 31 apareció en este diario " Siete peligrosos delincuentes se fugaron anteanoche de la Joyita. Los evadidos están sindicados por homicidios, intentos de violación, robo a mano armada, contra la seguridad colectiva, contra la salud publica y contra el patrimonio". Nos preguntamos a cuántos de estos bandoleros se les permitió ocultar el rostro cuando los arrestaron por los delitos aludidos.

101 años de Panamá América

 
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