Tolerancia y disenso democrático
La tolerancia entraña la capacidad para soportar, aun si son injustificadas, las ofensas y los irrespetos y ello no significa, cuando a ello haya lugar, que actuemos dentro de los parámetros aceptables o legales en contra de lo intolerable.
Ser “tolerante” es un predicado que solo cabe a las almas buenas, no significando ello que las que no lo sean no puedan alcanzar la tolerancia en sus vidas. Se es tolerante cuando se observa o se escucha, aun el discurso contrario a nuestra forma de pensar o de actuar, con calma, con mesura y de manera paciente. Se trata de respetar al prójimo, aun cuando éste nos resulte indigno de nuestra paciencia y de nuestra armonía social.
Si actuamos, por la vida, como seres cuyo guía es el instinto natural de nuestras humanas debilidades o si atacamos, cuales felinos, sea física o verbalmente, a nuestros congéneres y no somos capaces de saber escuchar o de prestar atención, no cabe la menor duda que incurriremos en errores garrafales de los cuales, después, nos tocará arrepentirnos si es que somos conscientes que hemos actuado de modo inapropiado o injusto.
En las profesiones y en los cargos, sean públicos o privados, en todo momento, debe actuarse con tolerancia, más de parte de aquellos que tienen que responder ante el pueblo por sus actuaciones y quienes deben poner gran freno a la mala educación, la intolerancia, la malcriadez, la actitud déspota o tirana, etc., ya que ellos deben ser en todo momento, ejemplos a emular. ¡Cuánto exorna o embellece a una persona sus buenos modales, la cortesía, el buen trato y la fina deferencia hacia los demás¡ ¡Cuánto afea a una persona la intolerancia o la falta de cordura en sus actos!
Tenemos que cultivar más la tolerancia. Hay que empezar por sembrar la buena semilla de tolerancia desde las aulas escolares, empezando con los niños y niñas. Las autoridades deben predicar, siempre, la tolerancia. Una democracia de Estado solo se legitima como tal cuando es tolerante.
La tolerancia trae buenos frutos a la democracia: participación ciudadana, pluralismo ideológico, diversidad de opiniones en los temas de Estado; elimina el miedo de los particulares hacia las autoridades; recrea un espíritu de paz y de sosiego en la sociedad, etc. Claro, no desconocemos que la tolerancia tiene sus límites que vienen dados por los actos propiamente intolerables. Por ejemplo, es obvio que nadie está obligado a tolerar el mal. Buena imagen ante el pueblo da un gobierno cuyas autoridades se distinguen por la tolerancia.
Una autoridad intolerante, déspota, solo puede sembrar miedo entre los asociados, pero ojo, también habrá de cultivar la repulsa y el reproche de los asociados y ese sí que es un duro castigo.