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Toma de Posesión


“Pueden tener la seguridad de que dentro de cinco años desde esta misma tribuna, yo le voy a poder decir al presidente que democráticamente hayamos elegido, que le entrego el mando de un país reconciliado y próspero, de un país de nuevo alegre, de un país preparado para un nuevo milenio.” Esas pa-labras las dijo el Presidente de la República, Ernesto Pérez Balladares, en la ceremonia de toma de posesión de su cargo ante la nación, al ya ex Presidente de la República, Guillermo Endara Galimany, y a la recién instalada Asamblea Legislativa el primero de septiembre de 1994. Cinco años después, el Presidente está por incumplir su promesa. Aunque dudamos que Pérez Balladares recapacite y cumpla su compromiso público, es oportuno recordarle esta promesa y la trascendencia de sus actuaciones en la opinión pública.
Hasta hace escasos dos meses las leyes vigentes requerían que el Presidente saliente estuviera presente en el acto de toma de posesión del nuevo Presidente. Pero el Presidente y sus colaboradores en la Asamblea reformaron la ley para que Pérez Balladares no tuviera la obligación de asistir a la toma de posesión de Mireya Moscoso. En respuesta, la Presidenta electa, Mireya Moscoso, está organizando un acto multitudinario en el nuevo estadio.
La norma legal derogada no era accidental ni antojadiza. La presencia de ambas figuras en tan solemne acto le da continuidad a la gestión gubernamental, a pesar de que los protagonistas son casi siempre adversarios políticos. Y el acto de hidalguía en la entrega del mando eleva la estima ciudadana de los políticos en general. Al fin y al cabo, todos están supuestos a trabajar para mejorar y engrandecer al país.
También hay que hacerle un llamado de atención tanto al Presidente saliente como a la entrante ya que durante las últimas semanas han perdido la compostura al intercambiar dimes y diretes de mal gusto que en nada contribuye al necesario clima de reconciliación post elecciones, en vísperas del magno compromiso canalero.
Aspiramos a que por el par de días que falta, bajen el nivel de sus diferencias y enfrentamientos públicos. Moscoso haría bien concentrándose en cómo ejecutar su ambicioso programa social mientras que Pérez Balladares debería tomarse sus ya anunciadas vacaciones, atender sus asuntos perso-nales que desatendió durante los últimos cinco años y asumir un papel digno de su condición de expre-sidente de la República.

101 años de Panamá América

 
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