Toño Díaz, la memoria de su tiempo
A Toño Díaz lo conocí en 1976, cuando armaba la revista Más para todos, en el sigilo de una habitación, compenetrado de la dimensión de las páginas, absorto en la forma y el contenido, en una tarea titánica que imponen algunos empresarios al periodista todo recurso, todo terreno, todo propósito. Pegaba figuras y armaba páginas a granel, incluía la historia, el folclor y el presente, dimensiones en las cuales aparentemente se bifurcaba siempre.
Amó el folclor y el periodismo, sus dos pasiones, que no abandonó hasta el final de sus días, este Toño Díaz, que nos abandona en este enrarecido panorama global. Fue un periodista que gustaba hurgar en el pasado de las gentes y de las cosas, y todo lo traía al presente, otorgándole suprema importancia al "back ground", esa herramienta que ningún colega debiera olvidar. Vivió la pasión del periodismo y la expresó en su columna, a través de sus opiniones, y se consagró a ella con devoción.
Recuerdo cuando me comentó con alegría el impacto que tuvo mi nota intitulada Toyota íntimo, que Crítica Libre difundió Urbi et Orbi, y que estoy seguro influyó en el encuentro de mi viejo Toyota azul robado en la Universidad de Panamá, y que apareció en San Miguelito, a un par de cuadras de una estación de policía, en pleno desmantelamiento. Reímos y comentamos el éxito, lo que demostró el impacto de una crónica humana y la poderosa circulación de Crítica Libre, diario que leí en Chiriquí, y a los pocos días se me comunicaba que lo habían encontrado, herido de muerte, sin carburador y otras piezas, aunque lo demás permaneció intacto.
Toño Díaz tenía claro el papel de servicio que debe cumplir todo medio y comunicador, y esa experiencia fue un ejemplo dignificante y aleccionador. La visión de un director y sobre todo, editor, en la escogencia de los temas, revisión de la forma y su presentación es vital para competir y formar una opinión pública madura con capacidad de reflexionar y decidir. El olfato y tratamiento de una información, son determinantes hoy para el éxito en la elección del público de un medio de comunicación sobre otro.
La imagen digital, instantánea, pulveriza hoy la palabra impresa, que se hace vieja ante Internet y la propia radio, por lo que el periodismo escrito debe comenzar por ser original, estar bien escrito y ofrecer diversas lecturas a profundidad, si quiere competir y permanecer en el mercado del siglo XXI.
Amó el folclor y el periodismo, sus dos pasiones, que no abandonó hasta el final de sus días, este Toño Díaz, que nos abandona en este enrarecido panorama global. Fue un periodista que gustaba hurgar en el pasado de las gentes y de las cosas, y todo lo traía al presente, otorgándole suprema importancia al "back ground", esa herramienta que ningún colega debiera olvidar. Vivió la pasión del periodismo y la expresó en su columna, a través de sus opiniones, y se consagró a ella con devoción.
Recuerdo cuando me comentó con alegría el impacto que tuvo mi nota intitulada Toyota íntimo, que Crítica Libre difundió Urbi et Orbi, y que estoy seguro influyó en el encuentro de mi viejo Toyota azul robado en la Universidad de Panamá, y que apareció en San Miguelito, a un par de cuadras de una estación de policía, en pleno desmantelamiento. Reímos y comentamos el éxito, lo que demostró el impacto de una crónica humana y la poderosa circulación de Crítica Libre, diario que leí en Chiriquí, y a los pocos días se me comunicaba que lo habían encontrado, herido de muerte, sin carburador y otras piezas, aunque lo demás permaneció intacto.
Toño Díaz tenía claro el papel de servicio que debe cumplir todo medio y comunicador, y esa experiencia fue un ejemplo dignificante y aleccionador. La visión de un director y sobre todo, editor, en la escogencia de los temas, revisión de la forma y su presentación es vital para competir y formar una opinión pública madura con capacidad de reflexionar y decidir. El olfato y tratamiento de una información, son determinantes hoy para el éxito en la elección del público de un medio de comunicación sobre otro.
La imagen digital, instantánea, pulveriza hoy la palabra impresa, que se hace vieja ante Internet y la propia radio, por lo que el periodismo escrito debe comenzar por ser original, estar bien escrito y ofrecer diversas lecturas a profundidad, si quiere competir y permanecer en el mercado del siglo XXI.