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Toque de queda para padres abusadores


El deterioro de la autoridad o la ausencia de esta, en muchas familias panameñas, ha traído significativas como nefastas consecuencias en la educación del carácter de la niñez y juventud, sobre todo aquella, que por sus condiciones de precariedad social, están conminados a crecer en un ambiente hostil y agresivo. Un niño o joven abandonado, afectivamente, por sus padres, rechazado por su madre, maltratado por sus tutores o por quien la ley le adjudica la patria potestad, crece al margen de los reguladores sociales deben favorecer la consolidación de una estructura de valores pro sociales y de un carácter firme y emocionalmente orientado al respeto de las normas de convivencia.

En dicha consolidación del carácter intervienen los mediadores emocionales y nutridores afectivos. Estos constituyen los proveedores de normas y valores, que en interacción permanente con los niños/niñas sirven de entes facilitadores de la formación del carácter. De donde se desprende, que si el proveedor rechaza afectivamente a la criatura, en muchas casos esta termina desarrollando un carácter agresivo, hostil, abusivo, uraño, desaforado, impulsivo y antisocial.

Si el proveedor es negativo, lo que equivale a decir, que es apático, hostil, agresivo, abusador, maltratador, impulsivo e inestable en su relación con la criatura, esta carecerá de un modelo del cual aprender los valores de la paz, el amor, la tolerancia, el respeto, la confianza, la ternura, la negociación, el agradecimiento y estrategias de afrontamiento apropiadas para enfrentar los fracasos o problemas que la vida trae consigo.

Cientos de miles de niños/niñas y jóvenes, jamás han escuchado de sus padres o tutores palabras inspiradoras, amorosas, cientos y cientos jamás han sido abrazados ni han escuchado el palpitar de un corazón que les ama. Todo lo contrario cientos de niños/niñas y jóvenes lo que reciben es un trato frío, grosero y vulgar de sus padres o tutores o lo que es peor, sufren una especie de confinamiento emocional, plagado de insultos y golpes.

La ausencia de un proveedor-modelo del cual el niño o la niña aprenda a diferenciar lo bueno de lo malo de una conducta y se forme, en consecuencia, una estructura moral sólida, que regule los impulsos fuera de norma, termina por consolidar un patrón de comportamiento socialmente peligroso e incontrolable. La conducta antisocial es aprendida de los proveedores o mediadores psicosociales y en mucho tienen que ver con la formación y desarrollo de un carácter y personalidad resiliente y fuerte. Cuando los niñas/niñas se convierten en adolescentes, con una gran fragilidad emocional en su carácter y sin la incorporación de una banda moral ajustada a las normas, que la sociedad acepta como reguladoras de su convivencia, representan un peligro real para la misma.

Cuando los jóvenes crecen en esta condición de precariedad emocional los jóvenes son fácil presa de las bandas y pandillas. La hostilidad y el odio, que experimentaron en el desierto afectivo de su infancia, ahora irrumpe con virulencia y crueldad manifiestas en asaltos, robos, violaciones, asesinatos, venganzas y sicariato.

Estoy convencido que un toque de queda es necesario, para la contención de la ola de asaltos y de crímenes en los que participan menores, lo que tenemos que hacer es prohijar un ambiente familiar, en el que niños/niñas crezcan al amparo del respeto a su integridad física y espiritual en el escenario de la cultura del amor. Quizá también necesitemos un toque de queda para los padres abusadores y maltratadores, reeducarlos en el amor y la ternura; de otra manera el toque para menores será una simple medida de contención temporal, pero no de reeducación. * Docente universitario.

101 años de Panamá América

 
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