Torneos o subastas electorales
Las contiendas electorales panameñas, incluidas las llamadas elecciones primarias, se han convertido en un ofensivo concurso para ver quien puede gastar más. De hecho, han degenerado en una vulgar subasta entre millonarios y los grupos de intereses, igualmente millonarios, que se mueven detrás de los candidatos presidenciales.
El proceso electoral, propiamente dicho, todavía no ha comenzado. Según el calendario electoral, se iniciará, oficialmente, el 3 de enero de 2009. Sin embargo, los candidatos del PRD, del Partido Panameñista y de Cambio Democrático, solamente en las denominadas primarias, ya se gastaron una cifra que ronda los 25 millones de balboas. Y una estimación recientemente publicada pronostica que el costo de algunas de las campañas presidenciales podría rondar entre los 20 y 30 millones de balboas. Y sabemos que es verdad.
Si queremos evitar que nuestra enclenque democracia siga siendo una subasta entre plutócratas, debemos establecer reglas precisas para contener esa nefasta tendencia. Para las próximas elecciones, y aún hay tiempo para ponerlas en vigor, debemos adoptar medidas como las siguientes: 1) Poner un límite o tope para los gastos de campañas. 2) Reducir a la mitad los subsidios electorales a los partidos que, según se ha publicado, alcanzan a la escandalosa suma de 38 millones de balboas. 3) Hacer obligatoria la divulgación por los candidatos de las contribuciones que reciban para sus campañas. 4) Quitar el derecho a recibir el subsidio electoral a aquellos candidatos que no divulguen el monto de las contribuciones que reciban.
La fórmula ideal sería eliminar, de una vez por todas, los subsidios directos a los partidos y a los candidatos, y, en su lugar, destinar una suma, no mayor a una tercera parte de los actuales subsidios electorales, a la contratación por el Tribunal Electoral de espacios en los diferentes medios de comunicación, que se pondrían a la disposición de todos los candidatos, en condiciones de igualdad, para que en ellos expongan sus propuestas electorales y promuevan sus candidaturas. Y la otra medida saludable sería acortar las campañas. Estas debieran durar, como máximo, tres meses. Las campañas tan largas, aparte de consumir sumas millonarias de recursos oficiales, que debieran invertirse en causas más nobles, terminan por hartar y hastiar a los electores.
Hace unos pocos días, uno de los magistrados del Tribunal Electora, simulando una preocupación que él y sus otros dos colegas no sienten, lanzó una serie de propuestas similares a las que he listado arriba y que, a diferencia del señor Solís, he venido proponiendo hace varios años, para "sanear" nuestros procesos electorales. Y, para también "ganar puntos" la candidata el PRD, hizo declaraciones, expresando "sus preocupaciones", en la misma línea y, supuestamente, escandalizándose de que alguno de sus competidores, según ella dice, estén proyectando gastarse 30 millones (creo que fue la cifra que usó) en sus campañas presidenciales.
Tanto al magistrado Solís y a sus colegas en el Tribunal Electoral, como a la candidata PRD, y también a todos los que serán mis contendores en las próximas elecciones, les lanzo el mismo reto: No esperemos a los elecciones del 2014 para cambiar las reglas; ¡cambiémoslas ahora! Se podría hacer; si dejamos a un lado la hipocresía.