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Torrijismo, PRD: ¿Paredes vs. Nils?


"Preséntame un capitán político y te regalo mil tácticos". Mao. El intelectual amigo Dr. Nils Castro escribió dos artículos sobre el golpe de 1968, sus orígenes e implicaciones político-ideológicas. Sus criterios han merecido una réplica muy fuerte en el recio estilo dialéctico de nuestro buen amigo Rubén Darío Paredes. Deseo contribuir al debate, no para atizar fuegos; todo lo contrario, en búsqueda de esa verdad histórica que sólo puede ser aportada por muchos ojos, muchas memorias y verdades, especialmente para una juventud que, la mayoría, no había nacido en aquél octubre. Y otros, jugaban en sus andaderas.
Enjuiciar el golpe militar, el torrijismo, los orígenes reales del PRD, es tarea compleja, laboriosa, digna de análisis serenos, más allá de la búsqueda, tan común, de los protagonismos personales, que todos, como seres humanos, perseguimos con frecuencia. La historia, en general, se distorsiona con frecuencia o se manipula, bien por la intención malsana de derrumbar figuras o encumbrar otras, y también, por ignorancia de los hechos, las circunstancias y los hombres y mujeres que la produjeron.
Nils Castro apunta bien cuando sostiene que el golpe militar se produjo sin un plan ideológico, sino como resultado de la insatisfacción de los oficiales altos por el desconocimiento del escalafón de parte del Dr. Arnulfo Arias. No obstante, coincido con Paredes en que no es apegado a la verdad plantear ideas como "y la Junta de Gobierno fue integrada por conocidos representantes de la política oligárquica tradicional". El lapsus de Nils consiste en no ubicar las figuras de los coroneles Pinilla y Urrutia, de las capas medias y populares, respectivamente, en el marco referencial de sus orígenes y sus roles. Ambos, sin embargo, no tuvieron ninguna relevancia política. Nils sostiene que "ya sea con ingenuidad o intencionadamente, algunos autores sitúan el inicio del torrijismo en el Golpe del 11 de octubre de 1968. Esto es doblemente falso: de una parte, porque el movimiento social que más tarde se proclamó torrijista es mucho más antiguo. De otra, porque el liderazgo personal y la orientación política de Omar Torrijos no cuajaron sino algunos años después de ese golpe policial...". Sin negar ni avalar los criterios del Dr. Castro, agrego desde mi perspectiva personal-profesional-política, estos elementos: ¿Qué debemos entender por "Torrijismo"? ¿Tomarse el gobierno derrocando al Dr. Arias por la fuerza? ¿Llegar a puestos importantes del poder sin haber arriesgado, la mayoría, ni un susto personal en medio de tantos sobresaltos? ¿Un conjunto de ideas políticas elaboradas por intelectuales de izquierda? No lo creo.
Opino, sin ánimo de tratadista, que el torrijismo es un modelo de gobernar, es no sólo una teoría cientista (que no la conocí), una forma de aproximación a la sociedad, a las capas medias, a los profesionales, a los campesinos, a los obreros, a los estudiantes, a los docentes, a las enfermeras, y a los pobres, a los abandonados de la fortuna. Y tal aproximación, se vuelve praxis política que agiganta a Omar Torrijos por su sentido humano y desapego total a las riquezas materiales, ello se inicia en los cuarteles, se orienta desde éstos en una amalgama de civiles prestantes y militares; se convierte luego en una clara intención de gobernar para las mayorías, de rescatar de manos de la oligarquía el derecho de llegar a altas posiciones si se tenían las credenciales para ello, de definir planes y proyectos, como construir un Estado Nacional, saliendo de la onerosa hipoteca de la soberanía nacional, que da como resultado el más interesante pacto socio-político que registra la historia panameña en el siglo XX.
Torrijismo no es propiedad intelectual de nadie, ni de militares ni de civiles: los Angueto Riera, Rómulo Escobar, Juan Materno Vásquez, Edwin Fábrega, Gerardo González, y otros (con los militares) pusieron las primeras estacas sobre las que se treparon luego, con la pujanza generacional, los Royo, Ahumada, Ascanio Villalaz, De La Espriella, Ilueca, en esa sucesión de talentos que rodearon a Omar, y trajeron cosas buenas para el país, con el sello de oro de un Tratado que nos libra de ser ocupados a perpetuidad. Ojo, sin golpe no hay Omar, sin éste no hay torrijismo. El torrijismo es patrimonio histórico de todos. Los cuarteles fueron aulas políticas. Nos correspondió, como ejemplo, dirigir la catequización en Chiriquí, con todo el mando, militar y político (con la instrucción de Omar de que ningún ministro podía ordenar algo que estuviera en contra de nuestro equipo provincial y sus diagnósticos y recomendaciones), para efectuar la elección de los 505 Representantes de Corregimientos, en momentos en que esa provincia elegía 101. ¿Acaso no era eminentemente política nuestra misión? Es obvio. De aquella cantera regional emergen figuras chiricanas que ayer y hoy tienen connotación en el PRD.
El partido, su inscripción, su formalidad, es otra cosa. La generación joven que hoy acompaña a Martín, con pleno derecho, es el alpinismo. Aunque muchos no vieron al general Torrijos, conocen de él por transfusiones genético-históricas que heredan los genios como Omar. Torrijos no es el caudillo inmenso del siglo XX por obra de títulos y maestrías, sino por su visión, falta de egoísmo, búsqueda de los capaces y no de los aduladores; su sentido de respeto a los bien informados, su capacidad de escuchar no sólo a Felipe González o a López Michelsen o García Márquez, sino a Héctor, el de los asentamientos; al Padre Villalobos; a Pille Collado y sus décimas; y mucho por esa amplitud y valor de juntar a aguerridos comunistas y sentarlos a la misma mesa con Gabriel Lewis Galindo. De estar claro en no alinear a Panamá con bloques hegemónicos, de ser amigo de Tito, cuando no le gustaba eso a Washington. Sin toda esa alquimia irrepetible no hay torrijismo, no hay Tratados, no hay PRD. Aportemos a ese torrijismo, no riñamos.

101 años de Panamá América

 
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