Torrijos: ¡Piénseselo dos veces!
Hace dos años, en esta columna, comencé a alertar sobre el peligro que para el futuro de nuestra maltrecha democracia representan las acciones, deliberadamente planificadas, del actual gobierno para revivir el militarismo: "El lobo nos muestra las orejas", abril de 2006; "Orejas, colmillos y patas peludas", abril de 2007; "Basta de escarceos militaristas", septiembre de 2007; y, más recientemente, "El ejército de la frontera" y "Militarismo, intransparencia y desplantes", los pasados 15 y 29 de julio de 2008.
Torrijos, que insisto ejecuta un plan nacido con su "patria nueva", fue probando para ver hasta dónde podía llegar. Y, como hubo poca resistencia, culpa nuestra, con sus amigos militaristas estimó suficientemente abonado el campo y se lanzó a fondo con el paquete de los "5 decretos-leyes sobre reformas integrales a la seguridad". Que sean absurdos, inconstitucionales y contrarios a los más elementales principios democráticos, nunca fue su preocupación.
La primera falacia para abonar el terreno fue magnificar, mediante la multimillonaria propaganda oficial, hasta darle niveles de tragedia nacional, el aumento de la delincuencia dentro de nuestras fronteras; la segunda falacia, fue el sórdido disparate de elevar a "necesidad nacional" defender nuestra integridad territorial y soberanía, supuestamente amenazadas por las FARC; la tercera, mayor que la anterior, es la patraña de que Torrijos, para poder "defendernos de tan graves amenazas requería de poderes extraordinarios para legislar, a tambor batiente, por decretos leyes; y, la cuarta, que él está obligado a usar, antes del 31 de agosto, cuando expirarían, las "facultades extraordinarias" que le otorgó la Asamblea, como si de un deber ineludible se tratara, cuando todos sabemos que fueron el producto de una componenda entre él y su obsecuente bancada del PRD.
Estamos a 11 días de que la Asamblea reanude sus sesiones ordinarias y si, por mandato constitucional, los decretos leyes que pudiera dictar el ?"rgano Ejecutivo deben ser sometidos a la Asamblea para que ésta "legisle sobre la materia" (los transforme a leyes) en la legislatura ordinaria inmediatamente, lo sensato sería que ante el rechazo general, ampliamente manifestado, Torrijos desistiera de su absurdo empeño; no usara las facultades extraordinarias y remitiera los correspondientes proyectos de leyes a la Asamblea, para que allí se abra el espacio, con plazos razonables, para una discusión nacional de sus contenidos que, por la naturaleza de los temas que comprenden, no deben ni pueden ser abordadas mediante decretos leyes.
Si de acuerdo con la Constitución, los decretos leyes serían efímeros, y alguno de sus asesores debe habérselo explicado, entonces, ¿por qué Torrijos insiste en transitar por la insensatez y el irrespeto a la voluntad y sentir del país? Caben dos explicaciones: Una, a Torrijos le importa poco la opinión del pueblo; y, dos, que detrás de los proyectados decretos leyes hay "manos tenebrosas". Y para mí es "altamente sospechosa", la rapidez de la embajada norteamericana al negar que este ensamblaje es condición para la aprobación del TLC o con la reubicación de la base militar de Manta, Ecuador, originalmente proyectada para Howard, pero que, ahora, por la negativa de ese país a renovar su permanencia, necesitan trasladar a otra parte. ¿Es esa la punta del Iceberg?