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Torrijos: recipiendario de la historia


Nuestra sociedad transita y discurre por una especie de silepsis politiquera que ha pervertido la misma institucionalidad del Estado. Las cuestiones que son propias a la esencia del Estado no pueden quedar en manos de la incompetencia, la mediocridad o de la negligencia suma que se advierte en los lupanares del amiguismo o del vil o mortal tráfico de influencias.
Cuando las cosas serias que corresponden al Gobierno se dejan a la libre responsabilidad de quienes en sus actos públicos han dado claras muestras de indiferencia para atacar los problemas que aquejan a nuestra población y de encontrar soluciones viables o asequibles, con ello estamos, al mismo tiempo, demostrando que somos indiferentes para tener la capacidad de elegir a los mejores hombres y mujeres que tienen el deseo de servirle a la Patria.
No se trata de hacer nombramientos en los cargos públicos a la ultranza de la seriedad y de la transparencia que debe regir, como principios cimeros, tales designaciones; relaciones que emergen al poder merced al amiguismo están condenadas a convertirse en un poco importa ante los dilemas nacionales dado que sus raíces están enterradas en un suelo muy peligroso: son relaciones sentimentales. Esto es lo que ha venido, penosamente y para mal de los panameños, ocurriendo con anteriores gobiernos: los puestos claves del poder político han estado dirigidos por amigos o amigas del gobernante.
Gobernar y dirigir a un Estado entraña responsabilidad suma. Requiere de entereza moral y de capacidad para advertir qué es lo que realmente conviene a la Patria. Las voces que adulan al Príncipe, que refiere Nicolás Maquiavelo, son las que entregan al gobernante a las más bajas pasiones que luego terminan por defenestrarlo del mismo poder. La historia universal está plagada de centenares de ejemplos.
El gobernante debe escuchar la voz de su conciencia y si no, la orientación parca que proviene de los sabios consejos que suelen dar los verdaderos hombres y mujeres que aman a la Patria. Al ejercicio del poder no se puede acceder por una pretensión de carácter personal: el figuramiento o la obsesión de magnificarse. Al cetro del poder político debe accederse cuando se tiene la real y verdadera voluntad de hacer bien las cosas; de querer enrumbar los destinos patrios por senderos de prosperidad y desarrollo igual para todos cuantos vivimos en esta nación; cuando se tiene la límpida vocación y el altruismo sincero de servir a los propios connacionales y pensando primero en Panamá.
Martín Torrijos, como Presidente Electo y a partir del 1 de septiembre, Presidente Constitucional de la República, ha sido destinado por el pueblo como el recipiendario de los atributos propios del buen gobernante. Le toca seguir demostrando sapiencia, prudencia, humildad y sencillez acreditadas durante su hoja de vida previa a la de ser el Presidente de los panameños; seguir aquilatando una comunicación transparente y fluida similar o mayor a la que demostró durante el torneo electoral; los canales de comunicación con el pueblo deben mantenerse siempre abiertos y tener, permanentemente, una sonrisa afable que sepa transmitir a todos la confianza y la tranquilidad de una mirada cálida y sincera.
Sin embargo, precisa decirle al nuevo gobernante -entiéndase que no tan sólo es Martín Torrijos, sino todos que configuren su gobierno- que la Patria está necesitada de nuevos paradigmas en el plano constitucional, laboral, cultural, educacional; de nuevos horizontes en materia de vivienda, transporte, seguridad pública, ciudadana y social; que es menester orientar a la nación por los cauces de los principios supremos del buen ser y saber si realmente queremos construir esa Patria Nueva.
Patria Nueva deja de ser un "slogan" de campaña para empezar a transitar por el tortuoso camino de su concreción o materialidad. Res non verba, decían los romanos, esto es, "hechos y no palabras".
Martín Torrijos tiene el grande honor de ser el hombre que Dios ha destinado para que reconstruya y devuelva a su estado legítimo de cosas a la nación entera. No puede apartarse de los mandamientos que el pueblo, primeramente Dios, le ha dado: queremos la pulcritud en todo; ¿cero corrupción?, -en mis discursos radiales, promoviendo la propuesta Patria Nueva siempre hablé de minimizar la corrupción, reducirla a su mínima expresión, ¿pero ausentarla? Me parece misión difícil cuando no imposible lograr eso de "cero corrupción". El argumento: empleo el pensamiento de Hobbes: Hominis lupus hominis". Es decir, "el hombre es el lobo del hombre".
¡Adelante Sr. Presidente! La Patria sigue estando en algarabía con su persona. A propósito de jubileo: es una verdadera necedad señalar que jubileo tiene que ver con el Papa y no con júbilo. Joan Corominas dice que la raíz de júbilo se relaciona con la de jubileo. Luego jubileo es fiesta, gozo. 2004 ha sido el año del jubileo panameño. Ojalá permita Dios que Martín enarbole la consigna de Omar Torrijos quien al sostener que no quería entrar a la historia sino a la Zona del Canal, lo que nos estaba diciendo es que más importa cuanto bien práctico se hace en la vida que cuantas consignas o méritos se enarbolen en la hoja de vida. Dejemos que Martín Torrijos gobierne. Sabemos que lo hará bien. Seguimos confiando en Patria Nueva como la propuesta potable y revitalizante. Una cuestión para mis detractores: quiérase o no Skakespeare es el autor de la expresión "Algo podrido huele en Dinamarca".

101 años de Panamá América

 
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