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Trabajo decente: más equidad y menos pobreza


En un artículo anterior propusimos que, dada la sensibilidad de la ocupación al crecimiento del producto, la economía panameña requería crecer a tasas no menores al 5% durante los próximos cuatro años para que la desocupación se situará por debajo del 10%. El reciente informe de la autoridad económica (MEF) y las previsiones dadas a conocer por CEPAL, nos indican que, por lo menos para éste y el siguiente año, esto es muy posible. No obstante, planteábamos también que el crecimiento económico por sí solo no es suficiente y que el país requiere que se impulse una serie de políticas para mejorar las condiciones de ingreso y bienestar de la población.
Desde 1999, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) está proponiendo una estrategia mundial destinada a la creación de "Trabajo Decente". Este concepto fue lanzado en la 87 a Conferencia Internacional del Trabajo. En ese momento, bajo la dirección general del chileno Juan Somavia, la OIT propuso modernizarse y renovarse. Se aprobó, entre otras cosas, un programa encaminado a "centrar las energías de la OIT en el trabajo decente como una de las principales demandas globales de nuestra época".
Bajo otro esquema teórico, la corriente económica neoliberal postula mayor desregulación y flexibilización laboral como mecanismo ideal para crear más empleo y reducir la pobreza.
En contraposición, en la 89 Conferencia Internacional del Trabajo, realizada en el 2001, la OIT propuso al trabajo decente como el mejor medio para combinar el empleo, los derechos, la protección y el diálogo social en las estrategias de desarrollo. Para el organismo, dadas las grandes limitaciones de las políticas de ajuste estructural para superar la pobreza, la reducción del déficit de trabajo decente se convertía en la vía adecuada para reducirla y lograr una mayor legitimidad de la economía global.
El trabajo decente, su medición y el desempeño de Panamá.
El trabajo decente comprende todo trabajo asalariado o por cuenta propia que tenga un carácter productivo y sea justamente remunerado. Se agrega como condición el hecho que se ejerza en condiciones de libertad, de seguridad, de equidad y dignidad humana, al tiempo que se respeten efectivamente los derechos fundamentales del trabajo.
El trabajo decente se mide bajo los siguientes parámetros e indicadores, siendo los principales: Que sea productivo (productividad general del trabajo, informalidad y niveles de capacitación); Que sea justamente remunerado (salarios medio real, salario mínimo y subempleo por insuficiencia de recursos); Que se ejerza en condiciones de libertad (subempleo por insuficiencia de horas trabajadas, ocupación sindicalizada y bajo convención colectiva); Que sea equitativo (diferencias de tasas de participación, empleo e ingreso entre hombres y mujeres, y tasa de participación y empleo de grupos vulnerables); Que se dé en condiciones de seguridad (accidentabilidad del trabajo, promedio de inspecciones realizadas, gasto público en salud como porcentaje del PIB, tasas de cobertura de la seguridad social, gasto público en educación como porcentaje del PIB y desempleo de larga duración); y que respete la dignidad humana (valor y capacidad para cubrir la canasta básica, participación de la ocupación infantil).
En nuestra región se experimenta un aumento del déficit de trabajo decente. Esto se explica por el alto desempleo prevaleciente, la creciente informalidad y baja participación laboral, las diferencias laborales entre hombres y mujeres y el retroceso que, en materia de cobertura y nivel de prestaciones, experimentan los sistemas de seguridad social públicos y privatizados.
Según la clasificación regional, Panamá, junto con México y Honduras, se encuentra en el grupo de países con nivel medio de desarrollo en materia de trabajo decente. Somos superados por Costa Rica, Chile y Colombia, con nivel de desarrollo alto, y Uruguay, Argentina, Brasil y Venezuela con desarrollo medio alto.
En peor situación se encuentran Paraguay, Perú, Ecuador y Nicaragua, con desarrollo medio bajo, y El Salvador, República Dominicana y Bolivia, que presentan un desarrollo insuficiente.
En la 92 a Conferencia Internacional de Trabajo, realizada en junio pasado, la OIT reconoció que enfrenta un momento decisivo en busca de una globalización más justa. Asimismo, el presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, planteó ante la Conferencia la importancia de darle una dimensión social a la globalización y de considerar el trabajo decente como un objetivo mundial.
Consideramos que el desempleo y la pobreza son los temas prioritarios que debemos enfrentar como nación en los próximos años.
Dadas las perspectivas de mayor crecimiento futuro, es pertinente que las nuevas autoridades tracen en la promoción del trabajo decente la estrategia vinculante entre el crecimiento económico y el desarrollo social.
Una agenda social y laboral es parte integral del crecimiento económico y, a su vez, una manera eficiente de asegurar la distribución equitativa tanto de sus beneficios como de la riqueza que produce.

101 años de Panamá América

 
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