Trabajo y dignidad
E s bien conocida la necesidad de trabajadores extranjeros en diversas actividades económicas, como la recolección de café, en Costa Rica. Tal dependencia no la discute nadie y de su importancia hablan los representantes de sectores como construcción, cítricos, café y frutas.
Los indígenas guaymíes, procedentes de Panamá, son parte de ese contingente de mano de obra que, año con año, contribuye en la tarea de recoger aquel grano en fincas en la región de Los Santos y, últimamente, en el Valle Central occidental.
La presencia y urgencia de esos trabajadores (o de cualesquiera otros), de ninguna manera debe dar pie para que algunos patronos inescrupulosos se aprovechen de la pobreza y la necesidad de empleo para escamotearles los derechos laborales y conexos que les corresponden.
A mediados de este mes, un reportaje de la corresponsal de La Nación en la ciudad de San Ramón, Zoyla Rita Mora, puso al descubierto las precarias condiciones en que se hallaba un grupo de panameños en una finca cafetera.
Veintiocho personas vivían en una destartalada casucha, sin electricidad y con un pozo negro como servicio sanitario. Esta situación, que motivó a las autoridades panameñas -con toda razón- a observar in situ el trato a sus compatriotas, es intolerable e inaceptable.
Resulta inmoral, por cuanto atenta directamente contra lo más sagrado de una persona, que es su dignidad.
El Ministerio de Trabajo, la Defensoría de los Habitantes y la Dirección General de Migración costarricenses deben investigar el trato que se ofrece a esos indígenas y, en general, a todos los trabajadores migrantes.
La necesidad de trabajo, para procurarse el sustento, no puede ser objeto de presiones ni actitudes atentatorias contra los derechos humanos. Es reprochable jugar con la necesidad del prójimo para esquilmarlo.
Costa Rica requiere esa mano de obra, pero está obligada -por imperativo moral y por disposiciones legales internas e internacionales-??" a protegerla.
Asimismo, al sector cafetero no le conviene que unos inescrupulosos lo afecten negativamente, máxime que sus productores seguirán necesitando de ese aporte laboral cada vez que se necesite levantar la cosecha.
En resumen: Bienvenidos esos migrantes que, con su trabajo y sudor, contribuyen a la economía nacional. A cambio, démosles todo el respeto que se merecen.
vhmurillo@nacion.com