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Trabas al Canal


Quienes acostumbramos a visitar la Calzada de Amador presenciamos hace más de un mes algo de gran impacto: muchos barcos haciendo fila para atravesar el Canal. Luego, pude leer en El Panamá América que la cola, hasta de 100 naves, era por la conjunción de un aumento de buques (de diferentes tamaños) y trabajos de mantenimiento en una de las esclusas.
Tomó más de una semana regresar a los niveles normales de naves en espera (unas 30). Se trata de un hecho que tiene gran importancia para el país y que constituye un campanazo de alerta en torno a la capacidad del Canal. Hoy, la vía maneja alrededor de 37 buques diarios, pero se trata de moles de acero que tienen 900 pies de largo y que por sus dimensiones y riesgos sólo pueden transitar de día. Sin duda, cuando se trata de embarcaciones de semejante tamaño, la capacidad del Canal se reduce.
Ello me hace pensar que el Canal comienza a poner muchas trabas a la ruta por Panamá. Digo la ruta, porque hoy dicha vía no es el ente aislado que subsidiaba a sus clientes (quienes eran sus administradores, paradójicamente). El Canal tiene que verse como componente de una ruta global. Así, por ejemplo, la ruta Asia-costa Este de EU cuenta con el Canal por ser un paso que ofrece ventajas competitivas respecto a otros (el sistema ferroviario de Los Angeles).
Pero, si llega el momento en que el Canal panameño comienza a demorar los tránsitos porque tiene demasiados buques (como ocurrió), entonces los clientes dejarán de verlo como un valor añadido, y la considerarán un obstáculo, por lo que buscarán otras alternativas. Así nada más. Se trata de una simple operación de negocios: si no me das el servicio que necesito, entonces me voy. Pierde entonces la ruta de Panamá; es decir, los panameños (puertos, surtidores, suplidores, agentes navieros, exportadores, importadores, gobierno, etc.)
Hace mucho el Canal dejó de ser un paso obligado. Y no es porque ya no tenga importancia, sino porque la dinámica de los negocios hacen que el cliente esté dispuesto a pagar aún más, siempre y cuando reciba el servicio que quiere. De allí que considere de gran importancia que la Autoridad del Canal de Panamá vea las oportunidades futuras de la ruta del país. Quedarnos cruzados de brazos esperando que la Bahía de Panamá se llene de post-Panamax para entonces decidir ir por un tercer juego de esclusas, sería tremenda irresponsabilidad y falta de visión en el negocio, porque el Canal es hoy eso, una operación empresarial. Es una corporación que tiene que reportar plata (más de lo que hasta ahora) y actividades económicas al país; y para lograrlo, el único argumento válido en el mundo de los negocios es el buen servicio. No sólo de un día, sino de todos.
Estamos ante un tema que requerirá en de una amplia e inteligente discusión. Confío en que el nuevo gobierno y las autoridades canaleras, como lo han demostrado, hagan gala de transparencia y sentido común. Tratemos de no dejar morir a la ruta de Panamá.

101 años de Panamá América

 
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