¿Tradiciones panameñas?
Favorecer la institucionalidad es una operación de compromiso con procedimientos conocidos y políticas divulgadas públicamente, y que armonizan las distintas acciones que emprende el gobierno. Tal vez la ambigüedad y la imprevisibilidad sean útiles para ganar elecciones, pero son fatales para gobernar. Es lamentable que en los temas centrales de la política panameña, la planificación estatal y el discurso público hayan sido contagiados, y hasta suplantados, por la conspiración permanente y los rumores sin autor, a los que han dado pábulo los mismos gobernantes con actuaciones sibilinas y silencios enigmáticos.
De la Presidencia se espera hace semanas una comunicación oficial sobre si se harán o no cambios de gabinete, la inestabilidad generada por la incertidumbre afecta la economía. Cuando el gobierno rehúsa definir sus prioridades, cuando no se esclarecen las dudas, cuando no se proyecta con claridad y firmeza sobre las cuestiones que preocupan a todos, cuando posterga la oportunidad para actuar sobre asuntos importantes pero no urgentes, el mensaje que emite, por sus ambigüedades y vacíos, llena de ansiedad a la ciudadanía y perturba la normalidad que requieren las actividades diarias tanto del sector privado, como del sector público. ¿Es mucho pedir que en el siglo XXI los gobernantes sean explícitos y tajantes sobre los temas que causan angustia en la población y los factores económicos? El compromiso de transparencia así lo exige, aunque no haya una tradición de hacer las cosas de este modo.
De la Presidencia se espera hace semanas una comunicación oficial sobre si se harán o no cambios de gabinete, la inestabilidad generada por la incertidumbre afecta la economía. Cuando el gobierno rehúsa definir sus prioridades, cuando no se esclarecen las dudas, cuando no se proyecta con claridad y firmeza sobre las cuestiones que preocupan a todos, cuando posterga la oportunidad para actuar sobre asuntos importantes pero no urgentes, el mensaje que emite, por sus ambigüedades y vacíos, llena de ansiedad a la ciudadanía y perturba la normalidad que requieren las actividades diarias tanto del sector privado, como del sector público. ¿Es mucho pedir que en el siglo XXI los gobernantes sean explícitos y tajantes sobre los temas que causan angustia en la población y los factores económicos? El compromiso de transparencia así lo exige, aunque no haya una tradición de hacer las cosas de este modo.