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Trágico recorderis


PARA ALGUNOS Darién no es más que un gran tapón. Esta visión utilitaria de esa olvidada provincia deja de lado el Darién vital, el de los Emberá, los Kunas y los Wounan, el de los negros y los mulatos, el de los campesinos y pescadores, el de los que huyen de la violencia vecina. El Darién de la rica biodiversidad que esconde en su impenetrable selva las curas del futuro y que cobija entre sus árboles especies ignotas y otras amenazadas.
Cada vez que nos queremos olvidar del Darién la tragedia nos recuerda su existencia. Si no son los guerrilleros bandoleros asesinos, son las olas de refugiados, o las confrontaciones entre indígenas y colonos, cuando no es la misma Madre Naturaleza que los azota con sus inclementes lluvias. Ahogados en su pobreza económica y rodeados por su riqueza biológica los darienitas hacen su vida con sus propias manos.
La tragedia reciente de las inundaciones, no sólo amenazó la vida de unos y arrebató la de otros con un golpe de agua, la destrucción de sus sembradíos, la putrefacción de sus cosechas y la muerte de sus animales de cría, amenaza a sus pobladores con una desoladora hambruna. La podredumbre amenaza también la salud de todos.
Esta es la hora de recordar a Darién, no como el gran tapón que nos protege de la aftosa, de las guerrillas o de imaginarias invasiones militares, sino como la provincia donde viven los más pobres de nuestros pobres. Ese tapón no flota cuando lo inundan las aguas. Ese tapón se está hundiendo en la tragedia. Esta es la hora de la solidaridad con el Darién. Esta es la hora de que los que dicen que sin el tapón perderíamos miles de millones de balboas, se metan la mano en el bolsillo y ayuden a quienes más lo necesitan.
El velocista le basta un esfuerzo y ya, corre mientras mira despectivamente a quiene pretenden disputarle la gloria inmediata. El corredor de fondo conoce el comportamiento de los que abandonan, de los espectadores o participantes sentados al borde del camino, así como a aquellos que vió pasar veloces y despreciativos. El velocista embuido en la competencia, alterado por la rapidez y la bulla no piensa, en tanto que el corredor de fondo tiene necesariamente que hacerlo. Pensar para los rápidos, es siempre un inconveniente pues: "nada hay más propicio para la tranquilidad que carecer en absoluto de opiniones", les basta el entusiasmo.
No faltan quienes se deslumbran por los velocistas y los acompañan, pero finalmente no llegan a la meta, se quedan tirados al borde del camino. Muchos reprochan la actitud del corredor de fondo. Lo cubren de epítetos, procuran aislarlo, lo denigran todo lo posible. La independencia del corredor de fondo resulta desagradable para los que van veloces (un corredor aislado o una sigla partidaria), pero ella es parte de la carrera porque la meta es una sola y paso a paso nos acercamos a ella, siempre y cuando mantengamos la seguridad, la seguridad que sólo el corredor de fondo tiene. La seguridad de saber que llegará aún cuando a algunos les corresponde renunciar a conocer el triunfo como fruto para resignarse a ser semilla".

101 años de Panamá América

 
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