Tranques solidarios
Mayo de 2001. La ciudad paralizada como legítima y aislada protesta juvenil contra la tendencia alcista del uso de las facilidades elementales de la vida ciudadana. La mencionada protesta es juvenil y estudiantil, aunque esta vez se sumaron los obreros en cantidades respetables en la marcha del 1 de mayo, día de San José, Obrero, Día del Trabajo, Día del Trabajador, reflejando masivamente un descontento nacional.
Se habla de miedo de las autoridades a los estudiantes protestantes, a los obreros y los señores del transporte. También se habla de estudiantes eternos que son especialistas en tranques y en disturbios.
Cerraron la Universidad, cerraron el Instituto, cerraron el Artes y sin embargo, los estudiantes o protestantes se echan a la calle a instalar sus barricadas. Que los aumentos vienen en cascada. Todo el mundo va a tener que subir el costo de la vida. El jardinero, el barrendero, el sepulturero van a tener que solicitar aumentos para poder pagar el pasaje de 0.25. Los jubilados, los educadores, las enfermeras, etc...
Con el fatalismo conformista de que eso es así, porque tiene que ser así, kilométricas serpientes de automóviles cubrían el cemento de nuestras principales arterias y con toneladas de paciencia y estoicismo soportando a los super vivos que llegan de últimos tratando de insertarse a la brava en las legítimas líneas de vehículos de pacientes conductores que justamente se molestan de que, encima de que todos tenemos que pagar nuestra cuota de protesta pasiva, no falta el detestable super vivo (taxista, busero, joven estudiante o doncella, que se cree que por serlo, tiene todo derecho a abusar de la cortesía) que te quiere duplicar la penitencia de que molesto tengas que aceptar su atrevida intromisión.
Ciertamente, el mensaje es claro. Con el progreso o lo que se llama progreso material en la adquisición de tantas facilidades que comparadas con las que teníamos antes, si nos imaginábamos, nada va a ser más barato. Todo va a ser más caro. Vivir, respirar va a costar. Hoy es gratis. Nada va a ser gratis. Vivir ya no va a ser gratis. Así que los que nos acostumbramos a hablar de real, de cuara, de centavos vayamos archivando ese lenguaje. Los que vivimos en "la cultura del cuartillo" Por tanto, post modernismo no va a significar vida más placentera, fácil, cómoda, sino más difícil, más cuesta arriba, más costosa.
Los que vivimos el pasado, mejor es que lo recordemos y disfrutemos de esas memorias y echémosle el cuento a los que nos quieren oír y nos quieran creer. No se trata de echarle la culpa a nadie, que es nuestra manía. Es la realidad perentoria. Vamos a tener que reeducarnos. No sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos. La ciudad ha crecido. Ya no somos el pueblito confiado y tranquilo. Antes casi nos conocíamos todos. Bastaba con decir, tú sabes quién, ese muchacho alto trigueño que vive arriba del chino de Calle C, frente a los bomberos, y rápidamente tu interlocutor asentía. Hoy ni en los condominios de propiedad horizontal, se conocen los vecinos. ¿La Era pos moderna?
Existe el derecho humano de protestar y de hacerlo con educación y mesura. Sin embargo, el hacerlo así como que es ineficaz, entonces hay que hacerlo de manera que llame la atención, que les moleste a los demás y se procede a efectuar los tranques. ¿Qué otra manera más notoria habrá de llamar la atención? Molesta a todos, pero como miembros de esta sociedad, tenemos que solidarizarnos aunque sea pasivamente y estoicamente. ¿Y qué paso con el perjuicio a terceros? Bueno, los terceros van a tener que solidarizarse involuntariamente, puesto que somos naturalmente insolidarios y egoístas irremediables.
Lo que habría que pensar es a ver si los estudiantes que protestan lo hacen por sentido de solidaridad y desinterés por lo que ellos luchan, en lugar de los que no se atreven a luchar o por otros factores. Por supuesto que la destrucción de la propiedad ajena, algo totalmente inadmisible y repudiable, como siempre sucede, se la atribuyen a la infiltración de fuerzas extrañas. Ojalá el FER 29 hiciera tranques protestando también contra el consumo de drogas, contra la corrupción, contra la prostitución juvenil, contra la inmoralidad general.
El aumento en el pasaje es a todas luces una carga insoportable, más para la clase más necesitada del país. Se le llama unificación pero aunque suena elegante no deja de ser impopular e injusto. Se habla de hace 22 años que no se revisa la tarifa, pero también hemos de recordar que fue en la era de la hegemonía militar en la que se les entregó a los transportistas este aspecto esencial de la vida ciudadana como es la locomoción. Desde entonces, los transportistas se convirtieron en la clase privilegiada. Una especie de aristocracia intocable. Unas Primas Donnas. Quienquiera que haya vivido en este país se da cuenta del caos anárquico que reina en el tránsito de vehículos en las calles. De qué sirve la señalización, de qué sirven las dobles rayas amarillas, si a diario e impunemente, tanto el transporte colectivo como el selectivo se destacan por su capacidad para la infracción. Se les echa en cara que atropellan, echan regatas, se les prorroga la placa para el año entrante, las llantas lisas por más de seis meses, según se expresaba una persona por la radio.
Llama la atención el escepticismo con que la gente observa las condiciones que propusieron los transportistas de que mejorarían la flota.
A última hora, no será mejor buscar otra alternativa para evitar toda esta debacle que se ha desatado con motivo de esta nueva carga a la gente. A toda costa, hay que evitar que se desestabilice el gobierno y que encontremos fórmulas de advenimiento que no empeoren la situación de los más necesitados sino que la alivien. Ojalá.
Se habla de miedo de las autoridades a los estudiantes protestantes, a los obreros y los señores del transporte. También se habla de estudiantes eternos que son especialistas en tranques y en disturbios.
Cerraron la Universidad, cerraron el Instituto, cerraron el Artes y sin embargo, los estudiantes o protestantes se echan a la calle a instalar sus barricadas. Que los aumentos vienen en cascada. Todo el mundo va a tener que subir el costo de la vida. El jardinero, el barrendero, el sepulturero van a tener que solicitar aumentos para poder pagar el pasaje de 0.25. Los jubilados, los educadores, las enfermeras, etc...
Con el fatalismo conformista de que eso es así, porque tiene que ser así, kilométricas serpientes de automóviles cubrían el cemento de nuestras principales arterias y con toneladas de paciencia y estoicismo soportando a los super vivos que llegan de últimos tratando de insertarse a la brava en las legítimas líneas de vehículos de pacientes conductores que justamente se molestan de que, encima de que todos tenemos que pagar nuestra cuota de protesta pasiva, no falta el detestable super vivo (taxista, busero, joven estudiante o doncella, que se cree que por serlo, tiene todo derecho a abusar de la cortesía) que te quiere duplicar la penitencia de que molesto tengas que aceptar su atrevida intromisión.
Ciertamente, el mensaje es claro. Con el progreso o lo que se llama progreso material en la adquisición de tantas facilidades que comparadas con las que teníamos antes, si nos imaginábamos, nada va a ser más barato. Todo va a ser más caro. Vivir, respirar va a costar. Hoy es gratis. Nada va a ser gratis. Vivir ya no va a ser gratis. Así que los que nos acostumbramos a hablar de real, de cuara, de centavos vayamos archivando ese lenguaje. Los que vivimos en "la cultura del cuartillo" Por tanto, post modernismo no va a significar vida más placentera, fácil, cómoda, sino más difícil, más cuesta arriba, más costosa.
Los que vivimos el pasado, mejor es que lo recordemos y disfrutemos de esas memorias y echémosle el cuento a los que nos quieren oír y nos quieran creer. No se trata de echarle la culpa a nadie, que es nuestra manía. Es la realidad perentoria. Vamos a tener que reeducarnos. No sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos. La ciudad ha crecido. Ya no somos el pueblito confiado y tranquilo. Antes casi nos conocíamos todos. Bastaba con decir, tú sabes quién, ese muchacho alto trigueño que vive arriba del chino de Calle C, frente a los bomberos, y rápidamente tu interlocutor asentía. Hoy ni en los condominios de propiedad horizontal, se conocen los vecinos. ¿La Era pos moderna?
Existe el derecho humano de protestar y de hacerlo con educación y mesura. Sin embargo, el hacerlo así como que es ineficaz, entonces hay que hacerlo de manera que llame la atención, que les moleste a los demás y se procede a efectuar los tranques. ¿Qué otra manera más notoria habrá de llamar la atención? Molesta a todos, pero como miembros de esta sociedad, tenemos que solidarizarnos aunque sea pasivamente y estoicamente. ¿Y qué paso con el perjuicio a terceros? Bueno, los terceros van a tener que solidarizarse involuntariamente, puesto que somos naturalmente insolidarios y egoístas irremediables.
Lo que habría que pensar es a ver si los estudiantes que protestan lo hacen por sentido de solidaridad y desinterés por lo que ellos luchan, en lugar de los que no se atreven a luchar o por otros factores. Por supuesto que la destrucción de la propiedad ajena, algo totalmente inadmisible y repudiable, como siempre sucede, se la atribuyen a la infiltración de fuerzas extrañas. Ojalá el FER 29 hiciera tranques protestando también contra el consumo de drogas, contra la corrupción, contra la prostitución juvenil, contra la inmoralidad general.
El aumento en el pasaje es a todas luces una carga insoportable, más para la clase más necesitada del país. Se le llama unificación pero aunque suena elegante no deja de ser impopular e injusto. Se habla de hace 22 años que no se revisa la tarifa, pero también hemos de recordar que fue en la era de la hegemonía militar en la que se les entregó a los transportistas este aspecto esencial de la vida ciudadana como es la locomoción. Desde entonces, los transportistas se convirtieron en la clase privilegiada. Una especie de aristocracia intocable. Unas Primas Donnas. Quienquiera que haya vivido en este país se da cuenta del caos anárquico que reina en el tránsito de vehículos en las calles. De qué sirve la señalización, de qué sirven las dobles rayas amarillas, si a diario e impunemente, tanto el transporte colectivo como el selectivo se destacan por su capacidad para la infracción. Se les echa en cara que atropellan, echan regatas, se les prorroga la placa para el año entrante, las llantas lisas por más de seis meses, según se expresaba una persona por la radio.
Llama la atención el escepticismo con que la gente observa las condiciones que propusieron los transportistas de que mejorarían la flota.
A última hora, no será mejor buscar otra alternativa para evitar toda esta debacle que se ha desatado con motivo de esta nueva carga a la gente. A toda costa, hay que evitar que se desestabilice el gobierno y que encontremos fórmulas de advenimiento que no empeoren la situación de los más necesitados sino que la alivien. Ojalá.