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Transformación productiva con equidad


EL PROBLEMA sobre cómo abordar el desarrollo es una de las mayores responsabilidades del gobierno y los sectores productivos. Sabemos que el modelo neoliberal tiene un altísimo costo social y tenemos que examinar otras avenidas.
En los años 50, la Comisión Económica para la América Latina (CEPAL) adquirió renombre no sólo en la región, sino en el mundo entero al articular un conjunto coherente de ideas en torno al progreso económico latinoamericano en las primeras décadas de la posguerra. La propuesta cepalina de esa época surgió de una interpretación de la realidad regional, y en especial, del análisis de los vínculos de los países con el resto del mundo, y se expresó en un conjunto de propuestas, cuyos ejes centrales son bien conocidos. Nuestro país adoptó el sistema, al igual que los otros países de la América Latina.
La crisis de los 80 vino acompañada, en el ámbito de las ideas, de una considerable perplejidad sobre cómo hacerle frente al desarrollo en el marco de cambiantes circunstancias. En esos años cobró vigencia un paradigma para superar la crisis que, en esencia, postuló abrir las economías de la región a la competencia internacional, confiar en el mercado para asignar recursos, reducir fuertemente la intervención estatal y alentar las fuerzas creativas de la actividad privada.
Los defensores más asiduos de ese paradigma la ubicaban virtualmente en las antípoda del estructuralismo de los años 50, al contrastar en forma simplista los modelos de apertura con los modelos de sustitución de importaciones, la "mano invisible" con la planificación, y la iniciativa privada con el dirigismo estatal, lo que conocemos como el modelo neoliberal que promueven las instituciones financieras internacionales.
En la década del noventa, la CEPAL postuló un esquema que denominó "Transformación productiva con equidad", que considero muy meritorio. La idea central del planteamiento es que la transformación productiva debe sustentarse en una incorporación deliberada y sistemática del desarrollo técnico.
La transformación productiva no es tan sólo la base de un crecimiento dinámico, sino también un crecimiento de "buena calidad", o sea un crecimiento cada vez más competitivo en los mercados internacionales, que asegure la sostenibilidad del proceso, y además, la posibilidad de facilitar el reparto de los beneficios del crecimiento entre los distintos estratos de la población. El "progreso técnico" aplicado al proceso productivo, por su parte, no se limita al desarrollo y a la adaptación de tecnología ("tecnología dura"). También incorpora la capacidad de gestión empresarial y mejoras tanto en la organización general como en la calidad de la mano de obra ("tecnología suave).
En síntesis, una preocupación centralísima del planteamiento es de carácter macroeconómico y se refiere al desempeño al nivel de empresa. Allí aparecen los temas de la innovación, la inversión en los recursos humanos y la capacidad de gestión. La noción de transformación productiva no implica un determinado tamaño de empresa: es igualmente aplicable y válido para la gran empresa transnacional y para la pequeña y mediana empresa.
La transformación productiva no es un tema que se limita a las empresas, sino al sistema en que éstas se insertan. Así recorrer por la senda de la transformación productiva implica cumplir múltiples requisitos, y avanzar de manera simultánea en relación a todos ellos dado el "carácter sistemático" de la competitividad. Desde esta perspectiva la empresa, elemento crucial, está integrada a una red de vinculaciones con el sistema educativo, la infraestructura tecnológica, energética y de transportes, las relaciones entre empleados y empleadores, el aparato institucional público y privado y la red financiera. Si falla cualquiera de las partes del sistema, repercute sobre las demás, dificultando adquirir la anhelada competitividad internacional. De manera que no es cuestión de sólo eliminar los aranceles, porque lo anterior no se va a dar espontáneamente.
Contrariamente a los postulado en el año 50, en el sentido de que el sector industrial era el portador y difusor por excelencia del progreso técnico, el nuevo enfoque plantea la modernización de los sistemas productivos en su conjunto.
Se destaca que la transformación productiva no es sostenible en el tiempo sin cohesión social, lo cual a su vez requiere mayor equidad.
Se postula una renovación en el estilo de la intervención estatal. El planteamiento no aborda el tema de la dimensión del sector público, ya que acrecentaría o disminuiría de la manera que dicho sector interactúe con los agentes privados de cada sociedad. Así, no se tiene como objetivo explícito ni achicar ni agrandar el Estado. En cambio, interesa redefinir el papel de la acción pública, y asegurar que ésta cumpla ese papel de manera eficiente y eficaz.

101 años de Panamá América

 
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