Transformar el mundo por la niñez
El mundo requiere urgentes transformaciones que lo conduzcan hacia sociedades más justas, humanas, responsables y solidarias. Para esta trascendental tarea, tenemos que empezar por atender la problemática global de la niñez.
La chilena Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura 1945, lanzaba para 1946 un grito de alerta al mundo por la creación de UNICEF: "Las Naciones Unidas son más que una asamblea y una hechura política: ellas son la yema de una conciencia universal. La mejor de sus creaciones y de su inspiración, tal vez sea este llamado por el niño, que es también el desagravio a la madre pobre. Estamos enfermos de muchos errores y de tantas otras culpas. Pero nuestro peor delito se llama abandono de la infancia, descuido de la fuente".
Aunque la alerta de Mistral es un asunto que, aunque existe desde siempre, aún en pleno siglo XXI -era de la ciencia y la tecnología,- no posee suficiente visibilización, si se toma en cuenta que los gobiernos del mundo no realizan acciones concretas y eficaces sobre el tema, para que, de una vez por todas, se enfrente, orgánica y enérgicamente, el declamado y aún no solucionado problema de la niñez; principalmente de aquella excluida de la riqueza social y, por lo tanto, marginada del desarrollo y del bienestar general. Esto lo comprueba tristemente algunas cifras: 100 millones de niños y niñas viven en las calles (UNICEF); 10 millones de niños y niñas son explotados/as en el comercio sexual y un millón se hacen parte de esa industria cada año (Visión Mundial); 35 mil niños y niñas (menores de 5 años) mueren diariamente por falta de alimentos. (Visión Mundial); 2 millones de niños y niñas mueren al año por falta de inmunización contra enfermedades prevenibles. (Visión Mundial); 250 millones de niñas y niños de entre 5 y 14 años trabajan y cerca de 120 millones de ellos lo hacen a tiempo completo; 180 millones son víctimas de las peores formas de trabajo infantil y el 70% trabajan en medio ambientes peligrosos (OIT); 20 millones de los niños y niñas que trabajan son latinoamericanos/as, representando el 16% del total de los niños/as económicamente activos del mundo; es decir, 1 de cada 5 niños/as latinoamericanos es económicamente activo y de esa cifra, cerca de dos millones de niñas son explotadas en el trabajo doméstico en casa de terceros; muchas duermen en el suelo, comen sobras y son humilladas o violentadas sexualmente; un gran porcentaje trabaja de 12 a 16 horas y la mayoría abandona la escuela; 5 millones de niños/as en el mundo están infectados con el VIH/SIDA; 14 millones de niños y niñas viven en orfandad porque uno de sus progenitores o ambos murieron por causa del SIDA.
Si queremos que nuestros niños y niñas no se conviertan en simples datos estadísticos, resulta imprescindible promover la causa de la niñez. Los Estados, los gobiernos, las millonarias corporaciones internacionales, las organizaciones de la sociedad civil y sobre todo las familias, debemos ser conscientes de la responsabilidad solidaria que hacia la niñez.
Cambiemos el mundo por la niñez. Participemos todos y todas en esa transformación a través de la acción y la responsabilidad solidaria, pero sin dejar a ningún niño/a fuera; escuchando sus necesidades y dándoles participación en las decisiones que les afecten; colocándoles en primer lugar, reconociendo y respetando sus derechos; cuidándoles y brindándoles el más alto nivel posible de salud, especialmente por medio de la inmunización, de una nutrición y de un régimen alimentario de calidad, de agua potable y saneamiento adecuados, de una vivienda digna y de un medio ambiente seguro y saludable; garantizándoles una efectiva educación obligatoria, gratuita y de buena calidad; eliminando la violencia y el maltrato que sufren, aplicando ejemplarmente las leyes que sancionan a sus victimarios; eliminando el trabajo infantil y la explotación sexual y económica de la infancia.
Los Estados y organismos internacionales protegen más el medio ambiente y se invierten billones de dólares en seguridad y armamentismo, y sin embargo, invierten muy poco en la niñez, que suele importarnos muy poco, al punto que nadie asume la responsabilidad, a menos que se trate de un problema que nos afecte por tratarse de uno de nuestros niños/as.
Por todo lo anterior, la lucha a favor de la infancia no puede dejarse de lado, en ello está en juego el futuro mismo de las próximas generaciones.
La chilena Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura 1945, lanzaba para 1946 un grito de alerta al mundo por la creación de UNICEF: "Las Naciones Unidas son más que una asamblea y una hechura política: ellas son la yema de una conciencia universal. La mejor de sus creaciones y de su inspiración, tal vez sea este llamado por el niño, que es también el desagravio a la madre pobre. Estamos enfermos de muchos errores y de tantas otras culpas. Pero nuestro peor delito se llama abandono de la infancia, descuido de la fuente".
Aunque la alerta de Mistral es un asunto que, aunque existe desde siempre, aún en pleno siglo XXI -era de la ciencia y la tecnología,- no posee suficiente visibilización, si se toma en cuenta que los gobiernos del mundo no realizan acciones concretas y eficaces sobre el tema, para que, de una vez por todas, se enfrente, orgánica y enérgicamente, el declamado y aún no solucionado problema de la niñez; principalmente de aquella excluida de la riqueza social y, por lo tanto, marginada del desarrollo y del bienestar general. Esto lo comprueba tristemente algunas cifras: 100 millones de niños y niñas viven en las calles (UNICEF); 10 millones de niños y niñas son explotados/as en el comercio sexual y un millón se hacen parte de esa industria cada año (Visión Mundial); 35 mil niños y niñas (menores de 5 años) mueren diariamente por falta de alimentos. (Visión Mundial); 2 millones de niños y niñas mueren al año por falta de inmunización contra enfermedades prevenibles. (Visión Mundial); 250 millones de niñas y niños de entre 5 y 14 años trabajan y cerca de 120 millones de ellos lo hacen a tiempo completo; 180 millones son víctimas de las peores formas de trabajo infantil y el 70% trabajan en medio ambientes peligrosos (OIT); 20 millones de los niños y niñas que trabajan son latinoamericanos/as, representando el 16% del total de los niños/as económicamente activos del mundo; es decir, 1 de cada 5 niños/as latinoamericanos es económicamente activo y de esa cifra, cerca de dos millones de niñas son explotadas en el trabajo doméstico en casa de terceros; muchas duermen en el suelo, comen sobras y son humilladas o violentadas sexualmente; un gran porcentaje trabaja de 12 a 16 horas y la mayoría abandona la escuela; 5 millones de niños/as en el mundo están infectados con el VIH/SIDA; 14 millones de niños y niñas viven en orfandad porque uno de sus progenitores o ambos murieron por causa del SIDA.
Si queremos que nuestros niños y niñas no se conviertan en simples datos estadísticos, resulta imprescindible promover la causa de la niñez. Los Estados, los gobiernos, las millonarias corporaciones internacionales, las organizaciones de la sociedad civil y sobre todo las familias, debemos ser conscientes de la responsabilidad solidaria que hacia la niñez.
Cambiemos el mundo por la niñez. Participemos todos y todas en esa transformación a través de la acción y la responsabilidad solidaria, pero sin dejar a ningún niño/a fuera; escuchando sus necesidades y dándoles participación en las decisiones que les afecten; colocándoles en primer lugar, reconociendo y respetando sus derechos; cuidándoles y brindándoles el más alto nivel posible de salud, especialmente por medio de la inmunización, de una nutrición y de un régimen alimentario de calidad, de agua potable y saneamiento adecuados, de una vivienda digna y de un medio ambiente seguro y saludable; garantizándoles una efectiva educación obligatoria, gratuita y de buena calidad; eliminando la violencia y el maltrato que sufren, aplicando ejemplarmente las leyes que sancionan a sus victimarios; eliminando el trabajo infantil y la explotación sexual y económica de la infancia.
Los Estados y organismos internacionales protegen más el medio ambiente y se invierten billones de dólares en seguridad y armamentismo, y sin embargo, invierten muy poco en la niñez, que suele importarnos muy poco, al punto que nadie asume la responsabilidad, a menos que se trate de un problema que nos afecte por tratarse de uno de nuestros niños/as.
Por todo lo anterior, la lucha a favor de la infancia no puede dejarse de lado, en ello está en juego el futuro mismo de las próximas generaciones.