Transición generacional
Estar en los zapatos de Martín Torrijos como Presidente de la República, no es cosa que se deba envidiar, puesto que el nivel de responsabilidades que asume ha de ser agotador por las necesidades sociales que aquejan a los sectores de la población.
El gobierno arnulfista quedará en deuda con la sociedad, pues más fue lo que no hicieron que lo que lograron, aparte de demostrar que el poder estatal, en última instancia, ha de sucumbir a los intereses de quienes lo detentan.
El gabinete de Patria Nueva tendrá que ser más práctico y menos demagógico.
Se conocen caras nuevas y viejas, pero el plan del actual gobierno está basado en una filosofía organizacional de solución y producción, liderado por personas que ante la opinión pública son las más capacitadas.
En la transición real de poderes, las disquisiciones tuvieron como fundamento la formalidad del traspaso, que implicó inseguridad ciudadana, y otras situaciones que escapan al orgullo personal y al sentimiento fetichista de una banda presidencial, lo que dejó mayor impresión negativa de la administración mireyista.
Es lastimoso que si en vida el Dr. Arnulfo Arias procuró con sus actos inmortalizar su nombre, años después la que fuese su consorte se haya encargado de estrangular su memoria. Si hubo hechos buenos, éstos han sido opacados en el recuerdo de los panameños, quienes han sido testigos de la corrupción cínica e impune en nombre de una ideología partidista que abanderó el occiso.
Patria Nueva también tiene el peso de un pasado en la figura del desaparecido Omar Torrijos Herrera, y quizás su recuerdo adquiera vivacidad hoy más que nunca, porque sangre de su sangre levantó la trocha y ha de seguir el camino dejado de construir, caracterizado por un sol y sudor de pueblo, que también deben caracterizar la actuación del nuevo mandatario.
El temporal del centenario ha traído consigo la reflexión de la historia panameña, pero esa cavilación va mucho más allá de recordar los hechos, pues está en juego la sostenibilidad ideológica de dos corrientes políticas que forman parte de la idea de nación de este país, Arnulfo y Torrijos, hombres de gran gallardía y visión política. La historia los sigue juzgando.
Ahora, la herencia recae sobre Martín Torrijos, a quien admiramos como juventud y a quien criticaremos para bien como presidente.
El gobierno arnulfista quedará en deuda con la sociedad, pues más fue lo que no hicieron que lo que lograron, aparte de demostrar que el poder estatal, en última instancia, ha de sucumbir a los intereses de quienes lo detentan.
El gabinete de Patria Nueva tendrá que ser más práctico y menos demagógico.
Se conocen caras nuevas y viejas, pero el plan del actual gobierno está basado en una filosofía organizacional de solución y producción, liderado por personas que ante la opinión pública son las más capacitadas.
En la transición real de poderes, las disquisiciones tuvieron como fundamento la formalidad del traspaso, que implicó inseguridad ciudadana, y otras situaciones que escapan al orgullo personal y al sentimiento fetichista de una banda presidencial, lo que dejó mayor impresión negativa de la administración mireyista.
Es lastimoso que si en vida el Dr. Arnulfo Arias procuró con sus actos inmortalizar su nombre, años después la que fuese su consorte se haya encargado de estrangular su memoria. Si hubo hechos buenos, éstos han sido opacados en el recuerdo de los panameños, quienes han sido testigos de la corrupción cínica e impune en nombre de una ideología partidista que abanderó el occiso.
Patria Nueva también tiene el peso de un pasado en la figura del desaparecido Omar Torrijos Herrera, y quizás su recuerdo adquiera vivacidad hoy más que nunca, porque sangre de su sangre levantó la trocha y ha de seguir el camino dejado de construir, caracterizado por un sol y sudor de pueblo, que también deben caracterizar la actuación del nuevo mandatario.
El temporal del centenario ha traído consigo la reflexión de la historia panameña, pero esa cavilación va mucho más allá de recordar los hechos, pues está en juego la sostenibilidad ideológica de dos corrientes políticas que forman parte de la idea de nación de este país, Arnulfo y Torrijos, hombres de gran gallardía y visión política. La historia los sigue juzgando.
Ahora, la herencia recae sobre Martín Torrijos, a quien admiramos como juventud y a quien criticaremos para bien como presidente.