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Transición nutricional involutiva


El hambre es la secuela más cruel de la pobreza. Con hambre no hay salud, ni capacidad de aprendizaje, productividad laboral, rendimiento deportivo, ni convivencia pacífica. No habrá balance social sin un plato de comida, un vaso de agua, medicinas, libros...

Existe una amenaza de hambre mundial agravada por la crisis financiera que está sometiendo hasta las mayores potencias económicas. Globalmente y en Panamá (especialmente el Gobierno central), se están adoptando acciones para contrarrestar la inflación, la cual encarece la Canasta Básica de Alimentos (CBA), lo que propicia hambre, desnutrición, pobreza. En Panamá, entre agosto 2003-2008, la CBA incrementó 38.5% (de B/ 189.89 a B/ 263.01); el Índice de Precios al Consumidor Nacional Urbano incrementó 22.6% entre septiembre 2003-2008, aumentándose el renglón alimentos 39.8%.

Para millares de familias de diversos estratos sociales (principalmente las más pobres) es improbable compensar estas pérdidas de poder adquisitivo, teniendo que sacrificar el consumo más trascendental: la comida, propiciando así el riesgo creciente de una transición nutricional involutiva, que continuará mutando la alimentación hacia más comida chatarra y dietas menos balanceada, afectando la morbilidad y mortalidad del país.

Los más afectados por la transición nutricional serán los párvulos, que ya arrastran un déficit alimenticio estructural-cultural. Cifras señalan que los menores de 5 años han registrado 20.6% de desnutrición crónica. Estos indicadores aumentan a 39.5% entre los extremadamente pobres y a 57.9% entre los extremadamente pobres indígenas.

Se debe prever la ocurrencia de una crisis sanitaria, con los mayores riesgos sobre los infantes, por el peligro derivado de la baja de las defensas contra las enfermedades, provocada por una histórica alimentación deficitaria y por la transición nutricional señalada.

Es compromiso de los actores sociales (todos los panameños), involucrarse en la concertación de políticas socioeconómicas que compensen el bienestar perdido por la población vía inflación, las que además disuadan la posibilidad de una transición nutricional involutiva, que también propicien la equidad cristiana, que mejoren los estilos de vida, evitando disturbios por comida, como en otros países impulsados por la amenazante hambruna.

101 años de Panamá América

 
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