Transición y sabotajes
Otros títulos para este artículo pudieron ser: " A Dios rogando y con el mazo dando" o "Tirar la piedra y esconder la mano".
Como seguramente suponen mis lectores, nuevamente voy a referirme a la vida, obra y milagros de nuestro "egregio" mandatario, quien de manera recurrente y contumaz insiste en responsabilizar a todos, menos a él, desde luego, de todo lo malo y negativo que ocurre a su alrededor.
A lo largo del que ha sido un gobierno nefasto, por todos los conceptos, "Su Excelencia" siempre ha intentado achacarle sus fallas a sus opositores. Y ahora, cuando está a punto de vencérsele su permiso de ocupación del Palacio de las Garzas y debiera hacer "actos de contrición", todavía persiste en ver pajas en los ojos ajenos, en vez de la viga en los propios.
Se me ocurre que Don Ernesto ha llegado a convencerse de que el triunfo electoral de 1994 les cubrió, tanto a él y como a sus seguidores del PRD, con un manto que borró sus pasados políticos y los erigió en árbitros de la vida nacional, otorgándoles el derecho de juzgar y de achacar culpas y responsabilidades a diestra y siniestra.
Cubiertos con su ropaje de nuevos profetas y con la sumisión obsecuente de la mayoría que obtuvieron, gracias al antidemocrático sistema de adjudicación de los residuos, desde el palacio presidencial y desde el palacio legislativo, durante los 4 años y 10 meses que lleva su gobierno han repetido las mismas fechorías políticas de los tiempos del concubinato cuartelero.
El PRD que gobierna ahora, lo repetiré hasta el cansancio, no es diferente al de los tiempos de la dictadura y prueba de ello es que cuando su actual jefe no pudo salirse con el mamotreto de la reelección y su delfín fue derrotado en las pasadas elecciones, nuevamente se han quitado la careta y vuelven a las andadas.
Con los multimillonarios y absurdos gastos de propaganda conque saturaron los medios de comunicación y cubrieron de letreros todos los rincones del país lograron, por varios años, evitar que afloraran, en toda su dramática magnitud, las lacras de su gestión gubernamental.
Y de haber ganado las elecciones, hubiera sido muy difícil poder desenmascararles.
Pero, en buenahora y gracias al veredicto inapelable del pueblo, expresado en forma rotunda en las pasadas elecciones del 2 de mayo, se les acabó el camino pavimentado con todas las mentiras que fabricaron desde el gobierno y, como en la conocida historieta el ropaje no existe y el rey ha quedado al desnudo.
Ni falta que hace que vuelva a repetir la cuenta interminable de todos los desafueros del presente gobierno. El pueblo los conoce y por eso decidió echarles.
Ejecutoriado como está el veredicto popular, ahora deben cumplir con las dos obligaciones que corresponden a los gobernantes salientes: 1) propiciar un proceso de transición expedito y 2) rendir cuenta pormenorizada de su gestión, sin subterfugios, triquiñuelas ni pretextos baladíes.
Eso es lo que tienen que hacer los actuales gobernantes, durante los 48 días que les quedan de mandato.
Y esa responsabilidad no es compartida, como pretende hacer ver el señor Pérez Balladares y alguno de sus conocidos francotiradores. Esa responsabilidad le corresponde a quien está por concluir su mandato y no a quien va a asumir el gobierno. La carreta no va delante de los bueyes sino al revés.
Si se examinan sus últimas tropelías es claro que el actual gobierno, con la complicidad obsecuente de su brazo legislativo, ha decidido hacer todo cuanto esté a su alcance para sabotear el trabajo del nuevo gobierno.
Eso explica la repentina fiebre de legislar, por facultades extraordinarias y mediante sesiones extraordinarias, para crear un cerco legal al nuevo gobierno; los recortes absurdos a los presupuestos de las instituciones responsables de los servicios públicos de salud y educación; y el esfuerzo deliberado de los responsables del sector financiero del actual gobierno por manipular, distorsionar y ocultar la realidad de las finanzas públicas.
En su momento, los falsos propósitos de enmienda sólo fueron la pantalla con la que pretendieron engañar a los votantes con la esperanza de perpetuarse en el poder y las explicaciones amañadas de ahora sólo buscan evadir el cumplimiento de su responsabilidad de rendir cuentas.
¡Que quede claro que no engañan a nadie!
Como seguramente suponen mis lectores, nuevamente voy a referirme a la vida, obra y milagros de nuestro "egregio" mandatario, quien de manera recurrente y contumaz insiste en responsabilizar a todos, menos a él, desde luego, de todo lo malo y negativo que ocurre a su alrededor.
A lo largo del que ha sido un gobierno nefasto, por todos los conceptos, "Su Excelencia" siempre ha intentado achacarle sus fallas a sus opositores. Y ahora, cuando está a punto de vencérsele su permiso de ocupación del Palacio de las Garzas y debiera hacer "actos de contrición", todavía persiste en ver pajas en los ojos ajenos, en vez de la viga en los propios.
Se me ocurre que Don Ernesto ha llegado a convencerse de que el triunfo electoral de 1994 les cubrió, tanto a él y como a sus seguidores del PRD, con un manto que borró sus pasados políticos y los erigió en árbitros de la vida nacional, otorgándoles el derecho de juzgar y de achacar culpas y responsabilidades a diestra y siniestra.
Cubiertos con su ropaje de nuevos profetas y con la sumisión obsecuente de la mayoría que obtuvieron, gracias al antidemocrático sistema de adjudicación de los residuos, desde el palacio presidencial y desde el palacio legislativo, durante los 4 años y 10 meses que lleva su gobierno han repetido las mismas fechorías políticas de los tiempos del concubinato cuartelero.
El PRD que gobierna ahora, lo repetiré hasta el cansancio, no es diferente al de los tiempos de la dictadura y prueba de ello es que cuando su actual jefe no pudo salirse con el mamotreto de la reelección y su delfín fue derrotado en las pasadas elecciones, nuevamente se han quitado la careta y vuelven a las andadas.
Con los multimillonarios y absurdos gastos de propaganda conque saturaron los medios de comunicación y cubrieron de letreros todos los rincones del país lograron, por varios años, evitar que afloraran, en toda su dramática magnitud, las lacras de su gestión gubernamental.
Y de haber ganado las elecciones, hubiera sido muy difícil poder desenmascararles.
Pero, en buenahora y gracias al veredicto inapelable del pueblo, expresado en forma rotunda en las pasadas elecciones del 2 de mayo, se les acabó el camino pavimentado con todas las mentiras que fabricaron desde el gobierno y, como en la conocida historieta el ropaje no existe y el rey ha quedado al desnudo.
Ni falta que hace que vuelva a repetir la cuenta interminable de todos los desafueros del presente gobierno. El pueblo los conoce y por eso decidió echarles.
Ejecutoriado como está el veredicto popular, ahora deben cumplir con las dos obligaciones que corresponden a los gobernantes salientes: 1) propiciar un proceso de transición expedito y 2) rendir cuenta pormenorizada de su gestión, sin subterfugios, triquiñuelas ni pretextos baladíes.
Eso es lo que tienen que hacer los actuales gobernantes, durante los 48 días que les quedan de mandato.
Y esa responsabilidad no es compartida, como pretende hacer ver el señor Pérez Balladares y alguno de sus conocidos francotiradores. Esa responsabilidad le corresponde a quien está por concluir su mandato y no a quien va a asumir el gobierno. La carreta no va delante de los bueyes sino al revés.
Si se examinan sus últimas tropelías es claro que el actual gobierno, con la complicidad obsecuente de su brazo legislativo, ha decidido hacer todo cuanto esté a su alcance para sabotear el trabajo del nuevo gobierno.
Eso explica la repentina fiebre de legislar, por facultades extraordinarias y mediante sesiones extraordinarias, para crear un cerco legal al nuevo gobierno; los recortes absurdos a los presupuestos de las instituciones responsables de los servicios públicos de salud y educación; y el esfuerzo deliberado de los responsables del sector financiero del actual gobierno por manipular, distorsionar y ocultar la realidad de las finanzas públicas.
En su momento, los falsos propósitos de enmienda sólo fueron la pantalla con la que pretendieron engañar a los votantes con la esperanza de perpetuarse en el poder y las explicaciones amañadas de ahora sólo buscan evadir el cumplimiento de su responsabilidad de rendir cuentas.
¡Que quede claro que no engañan a nadie!