Transparencia
Los carnavales que acaban de pasar quedaron muy lucidos, a pesar de los casos luctuosos y heridos que hubo.
La Junta del Carnaval hizo un buen trabajo. Pero la inyección de tres millones de dólares para su celebración ha sido cuestionada, por tratarse de recursos de todos los panameños.
Ahora, lo que procede es que los señores miembros de la Junta hagan público un desglose de cómo se distribuyeron los gastos, en concepto de qué, quiénes fueron las personas naturales o jurídicas a las que se les pagó y cuánto exactamente. Eso es conveniente para evitar suspicacias, y sobre todo, para dar un sano ejemplo de rendición de cuentas.
Por lo demás, consideramos también que en virtud de que los artistas y músicos locales han exteriorizado su inconformidad sobre la abismal diferencia que se dio en los respectivos contratos entre los locales y foráneos, procede dársele consideración a lo ocurrido.
Por muy buenos y mucha fama que tengan los músicos y artistas invitados para actuar entre nosotros, debemos negociar juiciosamente. Así como ellos ponen sus precios, también los panameños podemos comenzar por solicitarles cuántos serían sus gastos de viaje, alojamiento y alimentación, y sobre lo restante considerar si es exagerada o no la diferencia para entonces decidir.
Organizar unos buenos carnavales no es cuestión de poca monta, ni de improvisada organización. En Las Tablas, por ejemplo desde ya, se están preparando para las fiestas del mes de febrero de 2008. Sólo así puede resultar algo como debe ser.