Transparencia
Que puede haber luchas internas en la Policía como resultado de cambios que alcanzan inclusive a los civiles que han laborado allí por años; es cierto. Que la documentación interna y que permanecía como asunto secreto, filtrada a los medios sobre el pasado del jefe de esa institución Gustavo Pérez de la Ossa vino de adentro, también es cierto. Pero para la opinión pública, más allá de si hubo baja deshonrosa o de si hubo sanciones por conductas impropias, la cuestión va mucho más allá. El problema radica en que un puesto como ese requiere de la mayor transparencia y honestidad, tanto del que ocupa el cargo como de quien lo designa. Nadie tolera las sorpresas a ese nivel, menos un electorado evidentemente cansado de los subterfugios y las vivezas. Nada tiene que ver el disgusto colectivo con el cumplimento o no de su actual responsabilidad. Es que la transparencia exige puntualizaciones y definiciones en un país que por veinte años ha experimentado las mieles y las hieles de la democracia, y donde saber quién fue y quién es quién, se ha convertido en un requisito inevitable.