Transparencia en la política
Paralelo a la lucha por la reivindicación soberana, los panameños supimos luchar por la democracia. El 20 de diciembre se cumplirán once años desde su restablecimiento a cambio de una invasión a un costo doloroso de vidas, heridos y pérdidas materiales. A partir de allí, la ciudadanía ha elegido tres veces al responsable de conducir los destinos del país; y en iguales ocasiones, ha procedido a renovar las legislaturas en los más diversos ámbitos.
No obstante, todo lo positivo que significa concurrir a las urnas para ofrecer el apoyo a quien cada uno considera más apto para el cargo que se le confía, hay aspectos que deben mejorarse de una manera trascendente. En una expresión lisa y llana, hay que procurar mejorar la clase política en términos de práctica de la honestidad personal y enaltecimiento de sus fines.
La corrupción en particular es una lacra para la política y los políticos. Y normalmente, para que exista un corrupto hay como inductor otro corrupto. Desde la recuperación de la democracia se han observado muchos casos que van creciendo bajo el estímulo de la impunidad y la indiferencia ciudadana.
Si realmente queremos a la Patria, cada uno debe hacer su mea culpa. Unos por apropiarse de lo que es ajeno, y otros por no defender como propio que son los haberes públicos. Se impone por tanto que los buenos ciudadanos exijamos justicia como en los mejores momentos de la Cruzada Civilista, y que detengamos el absurdo de que se use y abuse de la espada de la dama de ojos vendados y la balanza de la equidad, para que no se continúe atentando contra los pocos valientes que nos hacen el favor de atreverse a denunciar la corrupción, mientras los malos políticos y funcionarios dejan tranquilos a los corruptos y a los perversos.
No obstante, todo lo positivo que significa concurrir a las urnas para ofrecer el apoyo a quien cada uno considera más apto para el cargo que se le confía, hay aspectos que deben mejorarse de una manera trascendente. En una expresión lisa y llana, hay que procurar mejorar la clase política en términos de práctica de la honestidad personal y enaltecimiento de sus fines.
La corrupción en particular es una lacra para la política y los políticos. Y normalmente, para que exista un corrupto hay como inductor otro corrupto. Desde la recuperación de la democracia se han observado muchos casos que van creciendo bajo el estímulo de la impunidad y la indiferencia ciudadana.
Si realmente queremos a la Patria, cada uno debe hacer su mea culpa. Unos por apropiarse de lo que es ajeno, y otros por no defender como propio que son los haberes públicos. Se impone por tanto que los buenos ciudadanos exijamos justicia como en los mejores momentos de la Cruzada Civilista, y que detengamos el absurdo de que se use y abuse de la espada de la dama de ojos vendados y la balanza de la equidad, para que no se continúe atentando contra los pocos valientes que nos hacen el favor de atreverse a denunciar la corrupción, mientras los malos políticos y funcionarios dejan tranquilos a los corruptos y a los perversos.