Transporte público
En la debatida cuestión sobre el transporte público conviene, en aras de la transparencia y en defensa del principio de la libre competencia, que escuchemos a las diferentes partes interesadas. Es deseable que concurran a un debate abierto por televisión a explicarle al pueblo en qué consisten sus respectivas ofertas. Así podríamos apreciar en cuánto tiempo recibiríamos el nuevo servicio, cuáles serían los costos para los usuarios, cuál de ellas ofrecería las mejores condiciones de acomodo, y la que operaría con la menor afectación del ambiente, la menos obstruccionista, la de mayor seguridad y la de más fácil maniobrabilidad. La libre concurrencia es la mayor garantía que puede tener un país para lograr y mantener un exitoso sistema comercial.
Poco tiempo después de la II Guerra Mundial se proyectó la instalación de un sistema de iluminación para nuestro Estadio Nacional. Se intentaba otorgarle el contrato respectivo a una empresa foránea que no llenaba los requisitos del caso, y tras haber desechado la oferta de una empresa panameña. Esta, no conforme con la decisión, publicó cómo era su proyecto. Tan impresionante resultó la diferencia, que hubo que reconocerlo. Se le otorgó entonces el contrato.
Y para orgullo de Panamá, ese mismo año, en Bruselas se lo otorgó el primer premio mundial de iluminación. Este ejemplo amerita que no corramos para resolver el problema de nuestro transporte público terrestre.
Por último, las políticas de Washington han hecho muy poco por mejorar el nivel de vida en América Latina, aunque los mayores obstáculos han sido impuestos localmente, manteniendo costumbres e instituciones que no aportan a mejorar el bienestar de la gente.
Eso ha sido así desde tiempos de la colonia, bajo gobiernos militares, autoritarios o democráticos, tanto de izquierda como de derecha.
En este viaje Bush tiene que dejar de insistir todo el tiempo en la seguridad interna de EE.UU., más bien prestando atención a las preocupaciones de los latinoamericanos, como otros lo hacen, incluyendo al presidente Hu Jintao de China.
(*) Académico del Hoover Institution, Universidad de Stanford.
www.aipenet.com
Poco tiempo después de la II Guerra Mundial se proyectó la instalación de un sistema de iluminación para nuestro Estadio Nacional. Se intentaba otorgarle el contrato respectivo a una empresa foránea que no llenaba los requisitos del caso, y tras haber desechado la oferta de una empresa panameña. Esta, no conforme con la decisión, publicó cómo era su proyecto. Tan impresionante resultó la diferencia, que hubo que reconocerlo. Se le otorgó entonces el contrato.
Y para orgullo de Panamá, ese mismo año, en Bruselas se lo otorgó el primer premio mundial de iluminación. Este ejemplo amerita que no corramos para resolver el problema de nuestro transporte público terrestre.
Por último, las políticas de Washington han hecho muy poco por mejorar el nivel de vida en América Latina, aunque los mayores obstáculos han sido impuestos localmente, manteniendo costumbres e instituciones que no aportan a mejorar el bienestar de la gente.
Eso ha sido así desde tiempos de la colonia, bajo gobiernos militares, autoritarios o democráticos, tanto de izquierda como de derecha.
En este viaje Bush tiene que dejar de insistir todo el tiempo en la seguridad interna de EE.UU., más bien prestando atención a las preocupaciones de los latinoamericanos, como otros lo hacen, incluyendo al presidente Hu Jintao de China.
(*) Académico del Hoover Institution, Universidad de Stanford.
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