Transporte público
Los dirigentes del transporte público han exigido que el Gobierno Nacional se siente a dialogar con ellos para hacerle enmiendas al nuevo Reglamento de Tránsito. De no ser así, manifiestan que irán a un paro que podría extenderse a una huelga.
Estimamos que el Gobierno no debe dejarse amedrentar con tales baladronadas, y menos aún, permitir que lo chantajeen. Temer que se cumpla la amenaza y acceder a su pretensión conforme está ocurriendo, constituye un acto de inexplicable debilidad. Peor aún, se va a despojar a los usuarios del transporte público de derechos cuya defensa ha venido proclamando desde hace mucho tiempo.
El pueblo entero ha tildado de mafia a los propietarios, y dirigentes del negocio, así como a los conductores y sus ayudantes, dada la forma caótica e insufrible en que operan: el mal estado de los vehículos, la patanería con que los conductores y sus ayudantes tratan a los usuarios y la feroz agresión a su sistema auditivo con sus troneras a todo volumen; el manejo desordenado y regatas bajo la influencia del alcohol y sin ellas; así como los atropellos de inocentes, casi a diario, a quienes envían a los hospitales o a un cementerio.
Ese estado de cosas es lo que cualquier gobierno medianamente serio trataría de cambiar y es lo que, al parecer, los dirigentes del transporte quieren mantener.