Transporte público: aprendamos de Bogotá
La muerte de la estudiante Ilka Chérigo, producto del irresponsable manejo del conductor de un "diablo rojo", ha generado todo tipo de comentarios, la mayoría crucificando al transporte público y a las autoridades. De hecho, este problema no desaparecerá con la mera aplicación de sanciones más severas. Se requerirá además de una gran dosis de educación, tanto de los propios transportistas como de los demás conductores, pasajeros, motociclistas, ciclistas y peatones que transitan por nuestras calles y avenidas.
En eso, debemos aprender de la Alcaldía Mayor de Santa Fe de Bogotá en Colombia y del Fondo de Prevención Vial, una organización sin fines de lucro organizada por las principales aseguradoras del vecino suramericano para promover la seguridad vial, quienes reconocieron que en esa urbe existían los mismos problemas que en Panamá: un transporte público que causaba demasiados accidentes y una población que se rehusaba asumir responsabilidad alguna de su parte. Por ello, lanzaron recientemente una campaña denominada "¡Cada estrella es un peatón muerto!", la cual consiste en pintar una estrella en las calles de Bogotá en los lugares donde ha muerto un peatón, como consecuencia de un accidente de tránsito, con miras a despertar en los ciudadanos, conductores y peatones, una verdadera conciencia de autorregulación y respeto a las reglas.
Esa campaña se hace acompañada de acciones informativas en ciertos puntos de mayor accidentalidad peatonal y operativos de control para regular los principales comportamientos que ponen en riesgo la vida de los peatones. Además de las acciones educativas que señalen comportamientos seguros, ejecutadas por los guías de tránsito en las vías, se pretende posicionar en la opinión pública, la importancia de un comportamiento autorregulado que promueva la reducción de la accidentalidad vial en peatones, a través de la evidencia de las consecuencias de comportamientos riesgosos.
Dentro de esta estrategia se contemplan talleres en las localidades para que los vecinos conozcan los sitios de mayor accidentalidad peatonal y acaten las normas para el tránsito peatonal: cruzar por sitios autorizados (pasos peatonales y esquinas), usar los puentes peatonales y la infraestructura, abordar y dejar el transporte público en paraderos y sitios autorizados, no transitar por la calzada sino por el andén.
Hemos de reconocer que nuestros problemas no son únicos, para aprender de la experiencia foránea. En otras latitudes, se ha enfrentado con éxito a similares o peores dificultades. La diferencia está en que mientras que allá utilizan su energía y creatividad para intentar resolverlos, aquí no salimos de culparnos los unos a los otros, siempre contando con que las autoridades resolverán todo, que no es así, o peor, que con el tiempo todo se olvide. Ya es hora que peatones, conductores y pasajeros, comencemos poniendo de nuestra parte en el comportamiento cotidiano y el respeto a los demás.
En eso, debemos aprender de la Alcaldía Mayor de Santa Fe de Bogotá en Colombia y del Fondo de Prevención Vial, una organización sin fines de lucro organizada por las principales aseguradoras del vecino suramericano para promover la seguridad vial, quienes reconocieron que en esa urbe existían los mismos problemas que en Panamá: un transporte público que causaba demasiados accidentes y una población que se rehusaba asumir responsabilidad alguna de su parte. Por ello, lanzaron recientemente una campaña denominada "¡Cada estrella es un peatón muerto!", la cual consiste en pintar una estrella en las calles de Bogotá en los lugares donde ha muerto un peatón, como consecuencia de un accidente de tránsito, con miras a despertar en los ciudadanos, conductores y peatones, una verdadera conciencia de autorregulación y respeto a las reglas.
Esa campaña se hace acompañada de acciones informativas en ciertos puntos de mayor accidentalidad peatonal y operativos de control para regular los principales comportamientos que ponen en riesgo la vida de los peatones. Además de las acciones educativas que señalen comportamientos seguros, ejecutadas por los guías de tránsito en las vías, se pretende posicionar en la opinión pública, la importancia de un comportamiento autorregulado que promueva la reducción de la accidentalidad vial en peatones, a través de la evidencia de las consecuencias de comportamientos riesgosos.
Dentro de esta estrategia se contemplan talleres en las localidades para que los vecinos conozcan los sitios de mayor accidentalidad peatonal y acaten las normas para el tránsito peatonal: cruzar por sitios autorizados (pasos peatonales y esquinas), usar los puentes peatonales y la infraestructura, abordar y dejar el transporte público en paraderos y sitios autorizados, no transitar por la calzada sino por el andén.
Hemos de reconocer que nuestros problemas no son únicos, para aprender de la experiencia foránea. En otras latitudes, se ha enfrentado con éxito a similares o peores dificultades. La diferencia está en que mientras que allá utilizan su energía y creatividad para intentar resolverlos, aquí no salimos de culparnos los unos a los otros, siempre contando con que las autoridades resolverán todo, que no es así, o peor, que con el tiempo todo se olvide. Ya es hora que peatones, conductores y pasajeros, comencemos poniendo de nuestra parte en el comportamiento cotidiano y el respeto a los demás.