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Transporte público: modelo de anarquismo


Cada vez que sucede una tragedia como la registrada en la autopista Arraijan-La Chorrera salen a relucir las mismas protestas y exigencias de mejor servicio por la comunidad y las mismas promesas de las autoridades de poner fin a la irresponsabilidad de dueños y conductores del transporte público, particularmente los desmanes de los operadores de los colectivos con el bien merecido nombre: diablos rojos. Se movilizan las autoridades, van a los medios, se culpan los unos a los otros, que si el relajo del revisado, que si la ausencia de recursos, que si la falta de agentes de tránsito y mala señalización de las vías de circulación, se dan mil y un golpes de pecho; súbitamente se tornan enérgicos, sacan de circulación decenas de buses, cancelan licencias, repiten las conocidas excusas y prenden velas a los santos para que los panameños con nuestra conocida memoria corta desviemos nuestra atención hacia otros temas que aquí sobran con el deterioro social y político en que vivimos. Mientras tanto, el transporte público regresa a la misma situación de caos y anarquismo la cual no aminora ni un ápice. Y la vida continúa, hasta el próximo accidente trágico, cuando se repetirá el ciclo. Siempre continuará igual ad infinitum, pues se hace todo menos atacar la verdadera causa del problema. Se tratan los síntomas pero el virus maligno permanece incrustado. El problema es el sistema. La fiebre no está en las sabanas.
En Panamá no existe un sistema de transporte masivo ni siquiera lejanamente cercano a las necesidades de un área de población que llega al millón. Nadie me puede discutir que en nuestra área metropolitana opera un sistema de transporte masivo obsoleto, peligroso y de pésimo servicio, y que funciona en un estado de total caos y anarquía, bajo la mirada tolerante de las autoridades. Las causas de esta situación las conocemos bien los panameños y sobre todo los políticos, de este y otros gobiernos, a quienes hay que culpar del estado de cosas y hacerlos moralmente responsables de las múltiples muertes causadas por su cobardía política.
Es un secreto a voces que por generaciones, el transporte público ha sido un negociado controlado por un puñado de empresarios disfrazados de líderes sindicales, algunos de los cuales han alcanzado bienestar económico (tienen haciendas, propiedades urbanas, negocios, etc.) y político (algunos ocupan puestos públicos de elección popular) y que forman una "rosca" que ningún gobierno se ha atrevido a romper. Estos "sindicalistas" han mantenido toda una población urbana secuestrada al mal trato y expuesta a riesgo de pérdidas de vida. Todo bajo el chantaje político de amenazas de huelgas y cierre de calles. Nuestra clase política, por ausencia de valor político y quizás otras razones, los deja hacer los que les viene en gana y todo intento de mejoras reales al sistema de transporte queda en nada ¿Se acuerdan del tren urbano? ¿Se acuerdan de los buses articulados? ¿Se acuerdan de las promesas de mejoras y buen comportamiento en pago al alza al precio del pasaje? Quedaron en...nada. Mientras la "rosca" seudo-sindical siga controlando el sistema no esperemos mejoras reales. Seguirá así, hasta que venga alguien con suficientes hormonas para enfrentárseles y romper la rosca. Ya lo he dicho, quien lo haga tiene asegurada la Presidencia de Panamá.
Si bien es cierto que la causa principal del mal servicio del transporte público se debe a la rosca y el sistema, no es menos cierto que los usuarios y todos los panameños contribuimos a la perpetuidad del mal. Los usuarios porque no se organizan y exigen un buen servicio por lo que pagan.
La otra parte que no usa el sistema, porque no se solidariza, pues piensa que es problema de los usuarios. ¡Cuán equivocado estamos los que no usamos transporte público! ¿No estamos igualmente afectados por el desorden y carencia de respeto a las leyes y normas de tráfico que abiertamente violan los chóferes de taxis y los diablos rojos, sin ningún temor a las consecuencias? ¿No exponemos diariamente nuestras vidas ante sus continuos desmanes como el caso de las inocentes víctimas de la tragedia en la autopista?
Uno se pregunta: cómo es posible que el usuario continúe estoicamente soportando el trato soez, el mal servicio, y sobretodo, porque paga para exponer su vida viajando en taxis y buses destartalados.
¿Cómo es posible que toleren pacientemente esa situación? ¿No sabrá el usuario que los transportistas y sus empleados los necesitan tanto como el usuario a ellos? Recuerden, sin clientes no hay empresa.
Sin empresa, no hay trabajo. El usuario tiene el sartén por el mango. ¿Por qué los usuarios no se han organizado para demandar mejor servicio? ¿Habrá algo de masoquismo en la personalidad del panameño?
Al final de cuentas si el usuario no despierta del letargo, se organiza, busca el apoyo de la sociedad civil, muestra su poderío como cliente y le exige valentía a los políticos, las cosas seguirán igual y lamentos al cielo.

101 años de Panamá América

 
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