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Transporte público. ¿Qué esperamos?


Al margen de las reservas que nos merece, algo positivo debemos sacar de la iniciativa gubernamental de traer y operar 420 buses nuevos, antes de darlos en concesión licitada. La participación de las actuales organizaciones de transportistas, preñada de infinitos vicios, es el principal tropiezo de una idea esencialmente buena.

Empecemos por reconocer que la provisión de buses decentes en el sistema era necesaria, al igual que procurar el milagro de que los actuales conductores se reciclen y respeten no sólo las reglas sino también los horarios, las rutas, los límites de velocidad, orden en el manejo y buen trato. En fin, como en Suiza; pero sin suizos.

Reconozcamos, no obstante, que cualquier solución requiere de buenos buses, cómodos, con aire acondicionado y buen servicio. Pero eso solo no es suficiente. Necesitamos además de un monorriel o tren ligero, por aire, que serpentee por sobre las actuales vías y, más tarde, de un metro que vayamos construyendo como un árbol, ramal por ramal. ¿Imposible? Leonel Fernández, el tres veces presidente dominicano, lo acaba de inaugurar. Y no tiene un Canal ni dólares como moneda corriente.

Por eso hablamos de transporte multimodal, porque comprende un servicio de buses en la superficie, un tren o monorriel ligero por aire y un metro subterráneo. ¿Sueños de opio? No. Ya se hizo en República Dominicana. Hay un técnico japonés que estima que un monorriel cuesta B/ 690 millones, justo casi lo que registró el Gobierno el año pasado en presupuesto sobrante. Y eso que no ha entrado el Canal. ¿Qué esperamos?

101 años de Panamá América

 
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