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¿Transporte solidario?


Como residente del Área Oeste, conozco de las penurias y calamidades que sufren los usuarios del transporte colectivo. Es por ello que aún cuando era funcionario de la A.T.T.T., ante mis superiores y oficiales de la Policía de Tránsito, siempre sustenté y justifiqué el servicio de los mal llamados “Taxis Piratas”. Una de las razones primordiales, es que los ciudadanos dueños de autos sedanes particulares, que viajan a la ciudad capital a su lugar de trabajo, tienen el derecho constitucional de trasladar a quienes le venga en gana, siempre y cuando no sea en actividad lucrativa. En la ida (mañana) y el retorno a su hogar (tarde), sin que ello constituya delito, aunque los vecinos u acompañantes apoyen económicamente para sufragar el gasto de combustible. En el mismo orden de ideas, quienes están autorizados por Ley para el traslado de pasajeros, taxis con certificado de operación (cupo), también pueden realizar la actividad en Calidonia, calle 25 o cualesquier otro lugar, siempre y cuando no viole el prestar servicio fijo en lugar que no le corresponde de acuerdo a reglamentación de Zona o Provincia.

Traigo a colación el beligerante tema, porque producto de una errada política, tanto de pasadas, como de la actual administración en perseguir y reprimir a quienes de forma rutinaria y de mutua solidaridad practican esta necesidad, sin lugar a dudas han encontrado de manera sabia y firme el respaldo de beneficiados. ¿Qué ha ocurrido? Pues que juegas vivo y anárquicos, so pretexto de brindar un servicio de Transporte Solidario, a falta de que los autorizados no lo prestan, han realizados inversiones de miles de dólares, en compra de buses nuevos (16) pasajeros, que si bien es cierto solucionan a los usuarios, los mismos trabajan en forma clandestina, a ciencia y paciencia de la autoridades competentes, lo que da indicios a suspicacia de intereses creados.

Pero el asunto es más grave de lo que parece, ya que existe personal supervisor de llegadas y salidas, indicativo de una actividad previamente organizada, pero con carencia de conductores con experiencia, ya que la mayoría son jóvenes, que manejan a grandes velocidades. En este sentido la pregunta es, ¿Qué pasaría ante un infortunado accidente? Hay cobertura de la aseguradora (si tienen) con los pasajeros. Por otro lado los mismos cobran tarifas al libre albedrío, cuando lo estimen o consideren oportuno, generalmente en horas nocturnas.

Hasta cuando la indiferencia y ambigüedad de autoridades en asuntos como este, nada positivo esperemos cuando hay impunidad y no existe ni Ley ni Orden. He usado por obligación y necesidad estos vehículos, pero si los van a permitir de manera definitiva, entonces actúen reglamentando su operación. Será un precedente negativo el adquirir por la fuerza estas autorizaciones, pero es mejor que sostener una actividad ilegal, porque nadie debe ni puede estar al margen de la Ley.

*El autor es ex funcionario público.

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