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Transporte: Solución, no paliativos


Empezaremos por aseverar que la vida humana no tiene precio. Por tanto, los casos de muerte con responsabilidad de los causantes, jamás podrán reemplazarse con indemnizaciones o compensaciones. Esto es semántica, superficialidades obligantes.

Las muertes por accidentes de tránsito, muchas no califican como fortuitos porque intervienen actores responsables por acción u omisión. Lo grave e inaceptable es que se pretenda que nos acostumbremos a continuar siendo víctimas del atropello y la irresponsabilidad.

El sistema de transporte de la ciudad de Panamá colapsó desde su cuna. Empecemos por aclarar que el Estado (pueblo) es el inalienable dueño del servicio, nunca, según informes fidedignos, se les pagó a los dueños de buses –no de “cupos”- cuando Omar Torrijos decidió eliminarlos, dando paso –tal vez sin preverlo- a este monstruo que han ido amamantando los políticos y que nos causa tantos daños.

Tragedias con tan graves consecuencias como las de la Lechería o la de Felipillo, y algunas otras, donde se ha comprobado embriaguez, acumulación de infrac ciones de los conductores y negligencia técnica y administrativa de autoridades como de financiadores e importadores de estos vehículos, constituyen una aberración inaceptable.

Nadie en sano juicio puede pensar que el Estado indemnice a estos transportistas que han hecho mal uso de un privilegio y que, además, nos maltratan con pésimo servicio y hasta nos matan irresponsablemente. Todos los implicados en las tragedias que se ventilan, deben ser responsables ante las víctimas. Si algún dinero les correspondiera, personalmente y como grupo, que sirva para “compensar”, si esto cabe, a quienes han sumido en desgracia y dolor por sus irresponsabilidades.

Es necesario cambiar de raíz el sistema de transporte capitalino y modernizar el mismo a nivel nacional, que también padece anomalías. De lo existente, en materia humana, algunos podrán recuperarse adaptándose, con responsabilidad y decencia, en la prestación de este servicio público, potestad y propiedad del Estado y, como tal, del pueblo como único usuario. Esto no se logra con seminarios. Si un árbol creció torcido no se enderezará. Tarea difícil pero impostergable para el presidente del cambio.

*Analista Internacional.

101 años de Panamá América

 
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