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Transporte: un servicio público


Las personas que viven en el sector oeste de Panamá han reclamado desde hace mucho tiempo su derecho a contar con un servicio de transporte que le garantice su traslado de forma eficiente, segura y permanente. A pesar de existir en nuestro medio un ente competente de analizar el problema del transporte colectivo, la Cámara Nacional del Transporte, muy poco ha hecho, por no decir nada, en relación con esta situación. Unicamente se reúne con el propósito de discutir aumento de las tarifas, sin que haya podido estructurar una estrategia que propicie el traslado de los ciudadanos en condición decorosa, segura e ininterrumpidamente a cualquier hora.
El problema de los usuarios del sector oeste y de la cuidad de Panamá subsiste y se agrava cada día sin que nadie desarrolle acciones tendientes a resolver el mismo.
Seguiremos presenciando los tranques, paros que tanto daño le causan a la economía nacional, si el Gobierno no toma medidas enérgicas para hacer comprender a los transportistas que el servicio de transporte es un derecho que tenemos los ciudadanos y que el Estado debe garantizar, adoptando acciones necesarias para que se ejecute correctamente. Recomendamos que se haga un análisis objetivo de la cantidad de buses existentes que prestan el servio en cada ruta, a fin de determinar si son suficientes para atender las demanda de las comunidades; establecer horarios de ruta para un servicio permanente; escoger la representación de los usuarios para que puedan opinar en torno a las medidas que se adopten.
Reiteramos que constituye una obligación del gobierno garantizar el traslado de los ciudadanos mediante la prestación de un servicio de transporte óptimo, seguro, eficiente y permanente al cual tenemos derecho todos los panameños.
Injusticia: Sin embargo, durante este período tuvo lugar el mayor proceso de descolonización que conoce la historia. Decenas de naciones africanas, del Pacífico y asiáticas, se convirtieron en independientes y pasaron a engrosar los escaños de la ONU.
La pregunta de hoy es, ¿por qué no descolonizar a Taiwán?; es decir, ¿por qué no aplicar los mismos criterios para sacar a Taiwán de la amenaza permanente de China que no tiene ni base moral ni y jurídica para anexarse a los habitantes de la “Isla Formosa”.
Los habitantes de Taiwán, hoy en día, constituyen una etnia distinta de la de los pobladores originales. Están conscientes de su desigualdad militar frente a China, pero se consideran distintos. Se dirá que los chinos aceptan todas las inversiones taiwanesas, que hoy son un puntal de la economía de ese gran país, pero para ellos el dilema no existe. Son “provincianos” que invierten en el territorio continental.
El tema, sin embargo, va más allá que la disputa por unas inversiones o de la tozudes de unos anticomunistas a ultranza. Es un problema de autodeterminación, de la misma por la cual abogaron por décadas los países comunistas para descolonizar a Africa y Asia.
La pregunta es, ¿por qué lo que es válido para decenas de pueblos africanos que, dicho sea de paso, han probado ser casi inviables en términos económicos y políticos, no es válido para Taiwán? Se me dirá que aquellos eran pueblos bajo un dominio colonial reconocido y que en el caso de la isla de Formosa se trata de una provincia separada, y yo respondo que para el caso es lo mismo, porque Taiwán ha desarrollado su propio sistema económico, político y social distinto de la cabecera. Ha logrado sobrevivir y prospera bajo la amenaza constante y ha sabido ganarse un espacio internacional.
Los dominicanos tenemos una deuda con Taiwán y queremos tener relaciones con China. Si fuésemos prácticos, escogeríamos a China, pero somos agradecidos y apoyamos a Taiwán.
Confiamos en que con un poco de paciencia china y de sentido de la realidad, se buscará una solución que “descolonice” a Taiwán y la reintegre dignamente a la comunidad internacional.
(artículo tomado de la revista Rumbo,23 de septiembre de 2002, Santo Domingo)

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