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Transporte, vivienda y globalización


Con el problema de la unificación de tarifas en la mesa de negociaciones, se hace necesario llevar más allá la discusión del origen del problema. La historia pasada, de hace tres décadas, nos dice que el transporte fue manejado por empresarios que poseían las líneas de buses (Barleta, Ciniglio, Mayorga, etc.) y algunos propietarios de "chivitas" con rutas establecidas en lo que en ese tiempo conformaba el área urbana y sub-urbana de la ciudad de Panamá.
Recuerdo que hace más de 40 años, el pasaje desde la Avenida Central hasta Pedregal era de veinte centésimos. Hoy el pasaje es de veinticinco. El costo de vida desde los años cincuenta ha aumentado mucho más de lo que proporcionalmente ha aumentado el costo del pasaje.
Durante el período de la "dictadura militar", el gobierno dictó leyes y reglamentos que incentivaron el desarrollo horizontal de la ciudad (leyes de vivienda), propiciando la invasión de terrenos y construcción de urbanizaciones de residencias "propias", tendencia que se ha mantenido, ya que los constructores, promotores, y precaristas van por delante de los planificadores, pues la Constitución y dichas leyes no se han cambiado, unas se sustentan en la otra.
Debido a la expansión y al necesario movimiento de la población desde su dormitorio al trabajo y viceversa, los gobernantes decidieron que la solución al transporte de la masa era aumentar el pasaje mínimo de cinco a quince centésimos en la primera zona, manteniendo el resto del pasaje, sumándose cinco centésimos por zona. La solución que se plantea ahora es similar, pretendiendo que los que viven más cerca paguen lo que deben pagar los que viven más lejos, creando nuevamente privilegios injustos para los afectados. ¿Qué culpa tiene el que procura vivir cerca de su punto de origen y destino para tener que pagar por otro?.
Muchos pensarán que no se puede vivir cerca del destino porque no hay dónde, debido a que las residencias se han construido en las afueras y hay que balancear el costo, vemos el constante vaivén de gente, el constante consumo de tiempo improductivo sin meditar las consecuencias, y vemos en las tardes cómo se vacían las calles de la ciudad hasta quedar desiertas, con todos sus servicios de infraestructura sin uso, es decir, para horas laborables.
Con este sistema de ciudad de lujo, nunca podremos ser competitivos en un mundo globalizado. Debemos reconocer que la ciudad es una gran y compleja industria, y en ésta la eficiencia en la producción se mide con la cercanía de sus elementos para obtener productos más económicos logrados por la cercanía de su materia prima para integrar el producto final. Siendo la ciudad de Panamá, principalmente de servicios, gubernamental, educativa y comercial, requiere que sus elementos de producción se encuentren próximos y a la mano, a diferencia de lo que ocurre ahora con la población distribuida horizontalmente y sin orden en su territorio, debido a las legislaciones que han incentivado a este absurdo desarrollo que depende excesivamente del transporte, el cual acarrea salidas de divisas, ya que no somos país petrolero, productor de automóviles, piezas ni todo lo que estos requieren.
En fin, el costo del pasaje no es sino una fracción mínima del problema, éste tiene una gran dosis en el desarrollo urbanístico a que se han llevado nuestros pueblos, los cuales no defino como ciudades, sino como grandes pueblos debido a que han perdido la organización de ser centros para mejor producción.
El pasaje tiene que subir por lógica matemática, pero el Estado debe cambiar las leyes para incentivar la creación de viviendas en áreas céntricas o próximas a las fuentes de trabajo, permitiendo y dejando a libre oferta y demanda al producto, cuyo ingrediente principal es la ubicación que, junto con la construcción, constituye la vivienda de alquiler, el producto más costoso y de alto riesgo, pero que en fin, producto de la industria, que en un mundo globalizado debe ser tratada como tal, sometiéndosele a la más simple regla de mercado: oferta y demanda. Con ello crearemos un frente de producción que formará una gran reacción en cadena de crecimiento económico. Dando trabajo a todos los que se involucran desde la planificación, la construcción y los comercios usuarios, evitaremos continuar con el desmonte de la cuenca hidrográfica y de terrenos que deben producir alimentos.
Recordaremos que nuestro pequeño país tiene un gran valor estratégico en la macro-región y que en cada micro-región dentro de él, existen áreas, que por su ubicación, también tienen su valor agregado mayor a otras. Démosles su uso correcto y obtendremos mejores productos y mayores beneficios; debemos buscar solución al problema del transporte no sólo en la manta, sino en el mejor e intensivo uso de la infraestructura existente de nuestras ciudades, acerquemos la vivienda al trabajo y la escuela a una distancia de caminata.

101 años de Panamá América

 
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