Transportistas audaces
Con asombrosa audacia y arrogancia, los transportistas están haciendo una declaración de guerra al Gobierno Nacional, que también es contra la comunidad. Se aprestan a cerrar calles si no se les responde a un ultimátum. Amenazan con recurrir a FRENADESO,a los gremios de educadores y a los usuarios para fortalecer sus acciones, lo cual constituye un suicidio anunciado.
FRENADESO no les podrá servir de mucho por ser un organismo desgastado y agónico, que apenas sobrevivió a la pérdida del referéndum de la ampliación del Canal. Los educadores no estarán muy decididos a apoyarlos porque no tienen vela en este entierro, aparte de que entre ellos hay muchos que padecen el transporte público y, por tanto, son parte de los usuarios que más deben despreciar a los transportistas.
Estimamos que el Gobierno Nacional puede comenzar a considerar quiénes son los promotores y que se vaya preparando para aplicar las sanciones correspondientes, Código Penal en mano, a los ahora voceros del presunto e insubordinado movimiento.
El país y la comunidad en general no resistimos más la insolencia, el cinismo y los atropellos de los transportistas. Ellos más aborrecidos no pueden ser por su pésimo servicio, la patanería de sus conductores y ayudantes, los escándalos que forman con sus aparatos musicales y las muchas muertes de pasajeros y de inocentes peatones con que sin tregua, han venido enluteciendo infinidad de hogares panameños.
FRENADESO no les podrá servir de mucho por ser un organismo desgastado y agónico, que apenas sobrevivió a la pérdida del referéndum de la ampliación del Canal. Los educadores no estarán muy decididos a apoyarlos porque no tienen vela en este entierro, aparte de que entre ellos hay muchos que padecen el transporte público y, por tanto, son parte de los usuarios que más deben despreciar a los transportistas.
Estimamos que el Gobierno Nacional puede comenzar a considerar quiénes son los promotores y que se vaya preparando para aplicar las sanciones correspondientes, Código Penal en mano, a los ahora voceros del presunto e insubordinado movimiento.
El país y la comunidad en general no resistimos más la insolencia, el cinismo y los atropellos de los transportistas. Ellos más aborrecidos no pueden ser por su pésimo servicio, la patanería de sus conductores y ayudantes, los escándalos que forman con sus aparatos musicales y las muchas muertes de pasajeros y de inocentes peatones con que sin tregua, han venido enluteciendo infinidad de hogares panameños.