Tras batalla perdida a arreciar la lucha
El reciente rechazo del proyecto de ley que buscaba eliminar la prueba sumaria como requisito (más bien obstáculo) para iniciar una investigación por enriquecimiento injustificado contra altos funcionarios del Estado y establecer la obligación de los diputados de presentar una declaración jurada de estado patrimonial, no debe considerarse una sorpresa y tampoco tiene nada de inexplicable.
Es cierto que el acto legislativo denota un muy pobre compromiso con la lucha contra la corrupción y con el proyecto de levantar una institucionalidad acorde con principios básicos de integridad y transparencia en el desempeño de la cosa pública. Pero debemos tener claro que cada paso que se ha avanzado en este sentido ha sido el resultado de una infatigable presión ciudadana y que en los actuales momentos estamos muy lejos de las elecciones como para que a los miembros del Legislativo les importe el juicio de reproche que han emitido diversos sectores de la sociedad civil ante el desacierto parlamentario.
La cuestión volverá a plantearse cuando la sociedad así lo exija y los argumentos racionales que miran el bienestar del país logren suavizar la cara dura de quienes sólo piensan en sí mismos porque no tienen la visión que les permita mirar más allá de sus narices.
Por lo visto, en poco más de un año, el compromiso de erradicar el flagelo de la corrupción es una ficción total en el Órgano Legislativo, lo que muestra la necesidad de arreciar la lucha.
Es cierto que el acto legislativo denota un muy pobre compromiso con la lucha contra la corrupción y con el proyecto de levantar una institucionalidad acorde con principios básicos de integridad y transparencia en el desempeño de la cosa pública. Pero debemos tener claro que cada paso que se ha avanzado en este sentido ha sido el resultado de una infatigable presión ciudadana y que en los actuales momentos estamos muy lejos de las elecciones como para que a los miembros del Legislativo les importe el juicio de reproche que han emitido diversos sectores de la sociedad civil ante el desacierto parlamentario.
La cuestión volverá a plantearse cuando la sociedad así lo exija y los argumentos racionales que miran el bienestar del país logren suavizar la cara dura de quienes sólo piensan en sí mismos porque no tienen la visión que les permita mirar más allá de sus narices.
Por lo visto, en poco más de un año, el compromiso de erradicar el flagelo de la corrupción es una ficción total en el Órgano Legislativo, lo que muestra la necesidad de arreciar la lucha.