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Tras el camino ecológico II


Ayer, de manera cautelosa, decíamos que el peligro parecía conjurado "momentáneamente". Lamentablemente, el momento de tranquilidad no duró siquiera un suspiro antes que el vicepresidente de la República, Arturo Vallarino, anunciara en La Concepción, Chiriquí, a escasa hora y media de alcance en automóvil del camino ecológico que uniría a Cerro Punta con Boquete que la obra iría de todos modos, previa corrección del estudio de impacto ambiental. Y mientras eso ocurría, el director de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), que rechazó provisionalmente el estudio presentado por el Ministerio de Obras Públicas (MOP) para construir la vía, Rolando Anguizola, era enviado repentinamente de vacaciones por seis meses. El peligro, pues, está vivo y es inminente.
Expusimos además cómo, adversando la idea de construir el camino, propusimos varias veces -como alternativa a su total desistimiento de hacerla - construirla sobre pilotes, por encima de la copa de los árboles. La otra alternativa, planteada por el jefe del MOP en Chiriquí, Luis Fanovich - a quien esperamos no envíen por eso también de vacaciones - es construirla por la Ruta Sur, desde Cuesta de Piedra, donde sirve a más comunidades y causa mucho menos daño al medioambiente.
Hombre y Naturaleza, obras supremas de la creación, están condenados a vivir en armonía o a extinguirse juntos. Eso ya no se discute científicamente. Es un hecho. Por eso desde este diario, sin llegar a extremos, hemos mantenido una política en defensa del medioambiente, procurando en lo posible un equilibrio entre progreso y naturaleza, convencidos que con un poco de buena fe e inteligencia es posible armonizar ambos extremos a la perfección. El camino ecológico, no es la excepción. Las alternativas están frente a las narices del Gobierno. Aunque, como suele ocurrir, no hay peor ciego que el que no quiere ver.
Cuando hace tres años nos tocó librar una solitaria la batalla contra las concesiones de extracción arenera submarina frente a las playas de Farallón y Río Hato, advertimos entonces que aquello a más de constituir un crimen ecológico, era una estupidez, habida consideración del auge hotelero y turístico que entonces se vislumbraba, aunque era muy incipiente. Nos echamos encima la organización de un foro técnico y científico en el que participaron las concesionarias areneras y sus especialistas, técnicos de la ANAM, la Universidad de Panamá, organizaciones ecológicas, acuicultores y hoteleros. Aquello fue un debate elevado y de lujo, un verdadero derroche de talento que, bien intencionado, condujo a una solución instantánea e inteligente: suspendieron las concesiones y optaron por las concesiones de arena continental, en tierra firme.
El resultado del esfuerzo se advierte hoy a los ojos del país tres años después. La estrecha zona costera cuenta a lo largo de unos 50 kilómetros de cielo azul y playas de arenas blancas sin par, la más grande y cuantiosa inversión hotelera e inmobiliaria de la República, fuera de la ciudad capital, generando más de 20 mil empleos directos. Que nadie vuelva ya a preguntar cómo es que se redujo el desempleo en este país. ¡Es puro turismo y ecología!

101 años de Panamá América

 
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