Tras el conflicto en el Municipio
La guerra abierta entre la alcaldesa del distrito capital, Mayín Correa, y el Consejo Municipal, lleva más de tres años, al extremo que el principal municipio del país lleva dos años trabajando sin un presupuesto actualizado.
La alcaldesa acusa al tesorero municipal, Jorge Sáenz, nombrado por el Concejo, de mal y negligente manejo de las finanzas del distrito. La Contraloría General de la República no ha encontrado irregularidad alguna, pero nada dice del cargo de negligencia, que escapa a su competencia.
Ello deja pendiente la necesidad de un dictamen pormenorizado y actualizado de las finanzas municipales, lo que se hace tanto más imperioso porque la información revelada por los involucrados se contradice, hablando una de un déficit de 3 millones y otra de un superávit de un millón de balboas.
Lo que sí es un hecho indiscutible es que las cuentas por cobrar se acumulan, las recaudaciones decrecen y las deudas se incrementan. Ciertamente que nada de esto indica una conducta delictiva de nadie; pero sí podría causar el despido de cualquier gerente o junta directiva, si de una empresa privada se tratara. En otras palabras, si bien nadie está robando, al menos alguien está haciendo pésimamente su trabajo y merece marcharse.
Porque no es posible que, según las cifras arrojadas por el ministro de Hacienda y Tesoro, las recaudaciones nacionales hayan superado con creces todas las estimaciones previas y, en cambio, las del Municipio de Panamá, donde tienen lugar las mayores recaudaciones nacionales, registren un pobre desempeño.
Seguramente que detrás de todo se esconden motivaciones políticas exacerbadas por la proximidad de las elecciones. El frágil equilibrio y convivencia entre las fuerzas en conflicto se ha roto y cada quien juega ahora las cartas de su propio interés.
La alcaldesa Correa aspira a presidenta, pero no tiene quién la postule; y por otro lado, todos los partidos parecen ir coincidiendo en el común interés de "sacarla de juego". Ahora más que nunca se advierte su condición de indeseable "tercera entre pares", capaz de alterar la correlación de fuerzas de un tablero político laboriosamente estructurado con miras a la próxima contienda. Nadie quiere tener a Mayín como "invitada de piedra". Con ella en la contienda las encuestas se alteran, distorsionan y se tornan impredecibles.
Cierto, la ley municipal requiere cambios. Sin ellos será imposible realizar el sueño de la descentralización administrativa. El sistema de contrapesos en los distritos no funciona y promueve parálisis cuya solución no está prevista en la inextricable legislación. Pero lo anterior es tan sólo el pretexto, pues en el fondo lo que hay es un interés político. Una por forzar su figura en el escenario electoral y otros por impedirlo a toda costa.
La alcaldesa acusa al tesorero municipal, Jorge Sáenz, nombrado por el Concejo, de mal y negligente manejo de las finanzas del distrito. La Contraloría General de la República no ha encontrado irregularidad alguna, pero nada dice del cargo de negligencia, que escapa a su competencia.
Ello deja pendiente la necesidad de un dictamen pormenorizado y actualizado de las finanzas municipales, lo que se hace tanto más imperioso porque la información revelada por los involucrados se contradice, hablando una de un déficit de 3 millones y otra de un superávit de un millón de balboas.
Lo que sí es un hecho indiscutible es que las cuentas por cobrar se acumulan, las recaudaciones decrecen y las deudas se incrementan. Ciertamente que nada de esto indica una conducta delictiva de nadie; pero sí podría causar el despido de cualquier gerente o junta directiva, si de una empresa privada se tratara. En otras palabras, si bien nadie está robando, al menos alguien está haciendo pésimamente su trabajo y merece marcharse.
Porque no es posible que, según las cifras arrojadas por el ministro de Hacienda y Tesoro, las recaudaciones nacionales hayan superado con creces todas las estimaciones previas y, en cambio, las del Municipio de Panamá, donde tienen lugar las mayores recaudaciones nacionales, registren un pobre desempeño.
Seguramente que detrás de todo se esconden motivaciones políticas exacerbadas por la proximidad de las elecciones. El frágil equilibrio y convivencia entre las fuerzas en conflicto se ha roto y cada quien juega ahora las cartas de su propio interés.
La alcaldesa Correa aspira a presidenta, pero no tiene quién la postule; y por otro lado, todos los partidos parecen ir coincidiendo en el común interés de "sacarla de juego". Ahora más que nunca se advierte su condición de indeseable "tercera entre pares", capaz de alterar la correlación de fuerzas de un tablero político laboriosamente estructurado con miras a la próxima contienda. Nadie quiere tener a Mayín como "invitada de piedra". Con ella en la contienda las encuestas se alteran, distorsionan y se tornan impredecibles.
Cierto, la ley municipal requiere cambios. Sin ellos será imposible realizar el sueño de la descentralización administrativa. El sistema de contrapesos en los distritos no funciona y promueve parálisis cuya solución no está prevista en la inextricable legislación. Pero lo anterior es tan sólo el pretexto, pues en el fondo lo que hay es un interés político. Una por forzar su figura en el escenario electoral y otros por impedirlo a toda costa.