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Tras la catástrofe


De alguna manera, la ayuda humanitaria a la población panameña golpeada por las recientes inundaciones ha estado llegando a su destino. Sin embargo, el trabajo de recuperación en Panamá recién comienza. La preocupación ahora consiste en corregir la gran improvisación y el deficiente manejo observado entre el personal que participó en las labores de recepción y distribución de donaciones, y donde el trabajo de comunicación fue penosamente improvisado para orientar a la población sobre qué donar y dónde dirigirse para su entrega. El programa de ayuda general, en caso de desastres naturales, tendrá que ser replanteado en el país para fortalecer las capacidades de respuesta en las comunidades más vulnerables a las tormentas, inundaciones y terremotos; y, aunque no será lo único, será lo primero que deberá atenderse.

La tragedia permitió percatarse que hay una abismal diferencia entre la creencia popular, según la cual se afirmaba que "en Panamá nunca ocurren desastres naturales", y lo que realmente ha estado pasando desde hace unas semanas en Chiriquí, Bocas del Toro y la comarca Ngöbe Buglé: fuertes sismos e inundaciones.

Se requiere ser especialmente sinceros con la población panameña, particularmente con los que viven en esas dos provincias, que por razones topográficas, suelos y ríos, seguirán siendo zonas muy vulnerables a estos problemas. Entre las urgentes tareas estará educar a la población para que tome conciencia que la ayuda humanitaria podría tardar, por lo que para proteger a las comunidades y sus familias, además de reducir el riesgo de tragedias aún peores, deberá actuar proactivamente en las labores de recuperación y no aguardar pasivamente una ayuda que podría tardar por falta de un protocolo de coordinación para casos de desastres, claramente ausente en las labores de rescate y asistencia llevadas a cabo.

101 años de Panamá América

 
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