Tras la rebelión de Bocas
Mientras la señora presidenta Moscoso arribaba a la Santa Sede, Bocas del Toro ardía sin que nadie se diera cuenta. Pero pocos pudimos anticipar la magnitud de los acontecimientos que comentamos en El Pulso de Panamá del jueves pasado.
La situación se agravó con las horas. El comercio de Changuinola, Guabito y Almirante estaba en huelga, las calles bloqueadas por el pueblo enardecido, los cuarteles sitiados, el Aeropuerto paralizado y barricadas ardientes por doquier.
Las cosas empeoraron tras la intervención de unos 200 antimotines. Se produjo 40 heridos, hasta que se agotó el parque de lacrimógenas y los agentes tuvieron que refugiarse en sus cuarteles. La carretera hacia Chiriquí fue también bloqueada y el sindicato de las bananeras, con más de 4,000 miembros, se sumó a la huelga.
Lo ocurrido fue producto de la acumulación de desidia de todos los gobiernos. Sencillamente se colmaron. ¿Qué exigían? Seguro no les fue fácil responder entre tantas necesidades insatisfechas. Agua potable, nombrar sus maestros y generalidades imposibles de resolver en breve plazo.
Por fortuna, la Presidenta Moscoso retornó justo a tiempo y el noble pueblo le dio un voto de confianza, que más que una solución debe entenderse como una tregua, si es que se quiere evitar la pronta repetición de los hechos.
Bocas es rica y pobre. Sus bananales son fuente de millonarias divisas gracias a un fruto excepcional. Los europeos tuvieron que limitarlo a pequeñas cuotas porque desplazó al guineo de las excolonias. Su población no lo sabe, pero la industria tiene sus meses contados. La situación de las fruteras es insostenible en un mercado deprimido y costos altos. El gobierno ha sido enterado de eso y debe prever las alternativas con tiempo, antes que las fincas cierren.
El turismo es la real solución, pero hay mucho por hacer. Si no fuera porque Bocas vende solo con su belleza, la situación sería mucho peor. La insalubridad es crónica. Los "servicios de hueco" están a la vista, sobre pilotes, a orilla de playas y ríos. Un turista versado los comparó con el Delta del Mekong.
En Changuinola, los educadores se quejan que todo se les va en agua embotellada y en curar afecciones cutáneas y respiratorias, causadas por la fumigación de bananales. En Isla Colón ni siquiera hay hielo en cubos para los turistas.
Un interesado comentó que su compañía pidió el puerto de Changuinola en concesión y que el gobierno ni siquiera contestó. Quiere llevar cruceros a Isla Colón. Hay calado natural de sobra, - dijo -, el problema es que una sola de esas naves trae cinco mil turistas y la isla zozobraría.
Otro, asiduo turista brasileño, advirtió que al asomo del primer hotel cinco estrellas, se largaría a otro lado, mientras señalaba solidario hacia una veintena de recién graduados de Carolina del Norte que se acomodaban en unos "kajacs". Kara Sanchez, una guía chiricana, al mando del grupo, asentía en que el potencial de Bocas es inmenso, pero necesita ser ordenado por leyes estrictas, que impongan el respeto al entorno. Nosotros insistimos en que se les mejore la infraestructura sanitaria, convencidos absolutamente en que el turismo hará el resto.
La situación se agravó con las horas. El comercio de Changuinola, Guabito y Almirante estaba en huelga, las calles bloqueadas por el pueblo enardecido, los cuarteles sitiados, el Aeropuerto paralizado y barricadas ardientes por doquier.
Las cosas empeoraron tras la intervención de unos 200 antimotines. Se produjo 40 heridos, hasta que se agotó el parque de lacrimógenas y los agentes tuvieron que refugiarse en sus cuarteles. La carretera hacia Chiriquí fue también bloqueada y el sindicato de las bananeras, con más de 4,000 miembros, se sumó a la huelga.
Lo ocurrido fue producto de la acumulación de desidia de todos los gobiernos. Sencillamente se colmaron. ¿Qué exigían? Seguro no les fue fácil responder entre tantas necesidades insatisfechas. Agua potable, nombrar sus maestros y generalidades imposibles de resolver en breve plazo.
Por fortuna, la Presidenta Moscoso retornó justo a tiempo y el noble pueblo le dio un voto de confianza, que más que una solución debe entenderse como una tregua, si es que se quiere evitar la pronta repetición de los hechos.
Bocas es rica y pobre. Sus bananales son fuente de millonarias divisas gracias a un fruto excepcional. Los europeos tuvieron que limitarlo a pequeñas cuotas porque desplazó al guineo de las excolonias. Su población no lo sabe, pero la industria tiene sus meses contados. La situación de las fruteras es insostenible en un mercado deprimido y costos altos. El gobierno ha sido enterado de eso y debe prever las alternativas con tiempo, antes que las fincas cierren.
El turismo es la real solución, pero hay mucho por hacer. Si no fuera porque Bocas vende solo con su belleza, la situación sería mucho peor. La insalubridad es crónica. Los "servicios de hueco" están a la vista, sobre pilotes, a orilla de playas y ríos. Un turista versado los comparó con el Delta del Mekong.
En Changuinola, los educadores se quejan que todo se les va en agua embotellada y en curar afecciones cutáneas y respiratorias, causadas por la fumigación de bananales. En Isla Colón ni siquiera hay hielo en cubos para los turistas.
Un interesado comentó que su compañía pidió el puerto de Changuinola en concesión y que el gobierno ni siquiera contestó. Quiere llevar cruceros a Isla Colón. Hay calado natural de sobra, - dijo -, el problema es que una sola de esas naves trae cinco mil turistas y la isla zozobraría.
Otro, asiduo turista brasileño, advirtió que al asomo del primer hotel cinco estrellas, se largaría a otro lado, mientras señalaba solidario hacia una veintena de recién graduados de Carolina del Norte que se acomodaban en unos "kajacs". Kara Sanchez, una guía chiricana, al mando del grupo, asentía en que el potencial de Bocas es inmenso, pero necesita ser ordenado por leyes estrictas, que impongan el respeto al entorno. Nosotros insistimos en que se les mejore la infraestructura sanitaria, convencidos absolutamente en que el turismo hará el resto.