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Tras la solución de la crisis


Hablamos de la crisis económica y financiera que aqueja a Estados Unidos, que no termina con el paquete de ayuda aprobado por el Gobierno de ese país (Congreso y Ejecutivo) para oxigenar a sus bancos y a su economía asfixiada por los abusos y malos manejos. En todo esto no hubo tanto torpeza, sino mala fe. Muchos lucraron miles de millones de dólares, vendiendo aire, hasta que -como en el juego de la pirámide- al final, alguien se quedó sin nada mientras que otros llenaron su bolsillo.

La solución no es ninguna genialidad. Se imprimirán 700 mil millones de dólares inorgánicos para darlos a quienes, habiendo participado en el juego, perdieron y se quedaron sin nada, con la expectativa de que no lo hagan otra vez, y devuelvan algún día el dinero que hoy reciben por nada.

Lo acontecido deja lecciones a los estadounidenses y también a los panameños. Tenemos una economía demasiado casada con el dólar. Eso ha sido bueno, pero ha llegado el momento de añadir la salvedad "ha sido bueno, pero hasta ahora". Ha llegado el momento que, con ayuda de los mayores expertos nacionales, nos aboquemos a discutir y encontrar una fórmula que nos permita seguir gozando de la estabilidad de tener una divisa fuerte, pero al mismo tiempo que nos dé la posibilidad de atemperar y evitar los enormes riesgos de estar casados a un dólar cada vez más débil, que nos hace presa de una inflación imparable.

Del mismo modo que una vez, preclaros panameños fueron pioneros y tuvieron la visión de dolarizar nuestra economía, ojalá haya otros que hoy, emulando a sus antecesores, abran trocha conduciéndonos a un puerto más seguro. Quizás es el momento de usar dos o tres monedas fuertes más para no seguir teniendo los huevos en una sola canasta.

101 años de Panamá América

 
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