Tras los cambios de Gabinete
Fueron ciertamente cambios mucho más ligeros de lo esperado, pero pasada la incertidumbre y superada la frustración, ahora es posible analizar mejor los pocos cambios en el Gabinete efectuados por la presidenta Moscoso y su significado en términos de política de Estado. En primer lugar, la confirmación de la mayoría de los ministros en su respectivo cargo denota que en términos generales las cosas seguirán igual, que no necesariamente bien. La educación continuará atrasada y la situación laboral irá igual de convulsa, a juzgar por el desempeño de sus respectivos titulares. Los demás, sin pena ni gloria.
La remoción del ministro Juliao de la cartera de Economía y el encargo de la misma a su viceministro Delgado, sólo puede significar una cosa: que la conducción de la política económica del país pasará directamente a la Presidencia de la República.
El nuevo titular de Economía y Finanzas es un hombre joven y brillante, pero al mismo tiempo dócil y transaccional. La presidenta Moscoso no tendrá ninguna dificultad en hacer prevalecer fácilmente su criterio, lo cual no era fácil con Juliao, un hombre de carácter difícil y cerrado. El asesor presidencial, Mario Galindo, sumirá personalmente esa conducción.
En lo demás, la misma presencia del ministro Delgado significa continuidad y aprovechamiento de la enorme experiencia que ha acumulado como viceministro.
En ese lapso tuvo bajo sus hombros la elaboración del proyecto de uso del Fondo Fiduciario que fuera consensuado con los partidos del Pacto de la Pintada, el cual sin embargo naufragó, tras imponerse el criterio del ministro Juliao, que favoreció la propuesta del opositor PRD, que desechó la destinación de parte del fondo para pagar deuda externa.
Para Juliao fue una victoria pírrica que le costó el cargo. Tras una entusiasta acogida inicial de su iniciativa en los grandes centros financieros internacionales, hubo que pagar con intereses y costos altos el acceso a nuevas fuentes de crédito, a causa del gran endeudamiento que no supo enfrentar.
El otro cambio, la remoción del polémico ministro Posse de Agricultura y Ganadería, y la designación en su lugar de su archiadversario presidente de la asociación de importadores de víveres, implica un claro compromiso con la globalización y la apertura del mercado; lo que a su vez conlleva el cese de la protección a ultranza de la producción agropecuaria nacional seguida por Posse. Fue un cambio radical de un extremo a otro, en un área sensible.
El agro panameño tiene sus días contados, ante la ausencia de una real política de modernización del sector y de efectivos mecanismos legales de tutela frente a políticas de comercio desleal extranjero, que se exterioriza en la forma de subsidios, dumping y carencia de reciprocidad.
La remoción del ministro Juliao de la cartera de Economía y el encargo de la misma a su viceministro Delgado, sólo puede significar una cosa: que la conducción de la política económica del país pasará directamente a la Presidencia de la República.
El nuevo titular de Economía y Finanzas es un hombre joven y brillante, pero al mismo tiempo dócil y transaccional. La presidenta Moscoso no tendrá ninguna dificultad en hacer prevalecer fácilmente su criterio, lo cual no era fácil con Juliao, un hombre de carácter difícil y cerrado. El asesor presidencial, Mario Galindo, sumirá personalmente esa conducción.
En lo demás, la misma presencia del ministro Delgado significa continuidad y aprovechamiento de la enorme experiencia que ha acumulado como viceministro.
En ese lapso tuvo bajo sus hombros la elaboración del proyecto de uso del Fondo Fiduciario que fuera consensuado con los partidos del Pacto de la Pintada, el cual sin embargo naufragó, tras imponerse el criterio del ministro Juliao, que favoreció la propuesta del opositor PRD, que desechó la destinación de parte del fondo para pagar deuda externa.
Para Juliao fue una victoria pírrica que le costó el cargo. Tras una entusiasta acogida inicial de su iniciativa en los grandes centros financieros internacionales, hubo que pagar con intereses y costos altos el acceso a nuevas fuentes de crédito, a causa del gran endeudamiento que no supo enfrentar.
El otro cambio, la remoción del polémico ministro Posse de Agricultura y Ganadería, y la designación en su lugar de su archiadversario presidente de la asociación de importadores de víveres, implica un claro compromiso con la globalización y la apertura del mercado; lo que a su vez conlleva el cese de la protección a ultranza de la producción agropecuaria nacional seguida por Posse. Fue un cambio radical de un extremo a otro, en un área sensible.
El agro panameño tiene sus días contados, ante la ausencia de una real política de modernización del sector y de efectivos mecanismos legales de tutela frente a políticas de comercio desleal extranjero, que se exterioriza en la forma de subsidios, dumping y carencia de reciprocidad.