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Tras palabras y promesas


Las palabras del presidente Martín Torrijos ante el pleno de la Asamblea General de la ONU fueron suficientemente precisas al cuestionar los miles de millones de dólares -de Estados Unidos- destinados a "salvar empresas comerciales". Un tema de gran vigencia para un mundo convulsionado por la crisis económica estadounidense. Pero lo intrascendente del discurso es que nada de lo dicho es nuevo para ese auditorio que ha escuchado cientos de veces, si no miles, esa retórica presidencial y, pese a las promesas, el hambre sigue campante y amenazando la paz.

No obstante, el hecho de que Torrijos haya comparado el esfuerzo descomunal realizado por el gobierno de Bush para mantener a flote el sistema de Wall Street y que, en cambio, se mirara con indiferencia a los 5.6 millones de niños que fallecen por causas de la desnutrición, son palabras claves del mandatario que pudieran dar un nuevo significado a su gobierno en política exterior. El racionamiento sería válido si resultara viable su propuesta de llevar a cabo una "cruzada contra el hambre"; pero, ¿podrá hacerlo? , ¿tendrá el tiempo? ¿Son viables sus propuestas? En el marco de los precedentes de su gobierno en política exterior, todo indica que su discurso aspiraba a solidarizarse con la retórica de la mayoría de los mandatarios presentes más que a confabularse contra un aliado seguro. Y para realizar su cruzada contra el hambre, hay que tener presente que el tiempo no será un recurso en los meses que le quedan, menos para la bíblica tarea que propuso, tarea que emprendió UNICEF hace décadas bajo el lema "Las únicas promesas que cuentan son las que se cumplen".

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