Trascendencia del fallo de la CIDH
Cuando me enteré que habían concedido un fallo favorable a la familia Portugal, di gritos de júbilo con acción de gracias a Dios, sobre todo, al conocer lo que eso representa. Es extraño que extraños -valga la redundancia- tengan que apagar esa sed de justicia por la tozudez de un partido -hoy gobierno y oxigenando al monstruo para revivirlo- que se niega a reconocer estas desapariciones forzadas y muertes innecesarias, sólo por aparentar un maquillaje para que no les afecte políticamente. Ocurrió, Panamá tiene su propia leyenda oscura como la tiene Chile, Argentina, Guatemala o El Salvador, por mencionar pocos. Dios sabe cuánto he evitado escribir este artículo, por los sentimientos encontrados que me embargan, al recordar a mis hermanos presos en las mazmorras de Noriega.
Todos conocemos a Patria Portugal y su total dedicación a la causa de Heliodoro Portugal, su padre. Esta figura emblemática es una de las muchas víctimas de la dictadura, aspecto lúgubre y siniestro que algunos pretenden negar, ni siquiera con una historia revisionista bien elaborada, sino con argumentos baladíes.
No puedo distinguir qué es lo que más duele, si las muertes irreparables o la muerte segunda como lo es: una treintena de años de negación de justicia en tu propia patria. Es un aspecto muy difícil reconocer que un tribunal internacional, como lo es la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), prácticamente tenga que decirle a nuestros muy queridos tribunales y gobernantes qué es lo que tienen que hacer.
Al margen del reconocimiento de la indemnización pecuniaria, y que el tribunal nacional ya había dictaminado la imprescriptibilidad de la acción penal, lo trascendente es que aquel juzgador supranacional determinó que la República de Panamá está obligada a legislar sobre los delitos de lesa humanidad como las desapariciones forzosas.
Entiéndase que la CIDH no juzga la causa penal como tal, sino la acción o inacción del Estado panameño al desconocer el derecho de las víctimas en este caso, la familia Portugal. Ahora, con el fallo de la CIDH, no existe argumento, por muy en derecho que parezca, que impida a la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia reconocer todos los otros casos de los muertos y desaparecidos de la dictadura militar.
Es así como reina el imperio de la ley, es así cuando los nobles ideales se cumplen... cuando el derecho es justicia.