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Trascendencia del Juez Garzón


Al margen de los hechos históricos que ha protagonizado, que pueden diluirse en el tiempo entremezclados entre otros magnos acontecimientos de cierre e inicio de siglo, perdidos entre la caída del Muro de Berlín en 1989 y el cese de la Guerra Fría con el derrumbe del comunismo y la disolución de la Unión Soviética, el advenimiento de China como potencia económica bajo el sol menguante de Japón, el ataque terrorista del 11 de septiembre, el imperio de un mundo globalizado, unipolar, bajo un solo sistema económico que señala para algunos el fin de la historia, el juez español Baltazar Garzón marca un hito institucional en el derecho universal.
Si se quiere, su desempeño y los cambios ulteriores que desencadena, constituyen la mayor revolución del Derecho desde la Revolución Francesa del siglo XVIII con su concepción integrada de los derechos humanos, el moderno Estado y gobierno democráticos, la simiente del liberalismo y las poderosas fuerzas que genera en todos los ordenes, materiales y espirituales, con su manifestación jurídica por excelencia, el Código de Napoleón.
No es correcto pensar que la importancia de Garzón radica meramente en haber perseguido y hecho preso hasta su juzgamiento al ex dictador chileno, Augusto Pinochet, por crímenes de lessa humanidad. Mucho menos, el haber iniciado atrevidas investigaciones de casos de corrupción, o el haber abierto sumarias contra militares argentinos que cometieron asesinatos, desapariciones y secuestros, todos indultados y santificados por las cortes nacionales. Tampoco radica en las temerarias investigaciones que hoy sigue contra la organización terrorista separatista vasca ETA.
La trascendencia de Garzón radica en haber iniciado una era de internacionalización y supranacionalización del Derecho, en particular de los derechos humanos. Garzón marca el inicio de una doctrina dominante en el mundo según la cual, valores tales como la vida y la libertad en sus diversas variantes, estan por encima de lo que digan las leyes, autoridades y tribunales nacionales, hasta el punto que sus infracciones pueden ser perseguidas en cualquier rincón del planeta, no importa dónde se cometan. Producto de esta nueva dimensión es la recién creada Corte Penal Internacional para juzgar dichos delitos.
La impronta del Garzón se mueve así en dos direcciones, una, internacionalizando los derechos humanos como institución efectiva y no ya meramente programática, y otra, supranacionalizándolos, al colocarlos por encima de los derechos, jurisdicciones y soberanías nacionales. Ello a su vez se ha extrapolado hacia otras ramas del derecho referentes al comercio internacional, comunicaciones, operaciones transnacionales de crédito e inversión, derechos de autor y propiedad industrial, delitos tales como el tráfico de drogas y armas, lavado de dinero y tráfico ilegal de personas, todo lo cual evoluciona en el mismo sentido. En fin, desde Garzón, el Derecho ya no es el mismo.
Argentina tiene de todo, regiones agrícolas muy productivas, una ganadería que hasta hace poco exportaba carnes de la más alta calidad, abundante petróleo, industrias muy variadas y ciudades de grandes atractivos y belleza. Su capital, Buenos Aires, con una población de 10 millones de habitantes es llamada, con mucha justificación, el “País de las Américas”.
Cuenta con una mezcla de inmigrantes de muchas naciones europeas, predominantemente de italianos, alemanes y franceses, que hacen por sus antecedentes una población, al igual que la de EEUU, muy humana, noble y talentosa.
Buenos Aires la “Capital del Tango” ha sufrido transformaciones increíbles en los últimos lustros muy favorables. Los ayer famosos “Carritos de la Costanera, pequeñas fondas ubicadas a lo largo del Río de la Plata, hoy constituyen restaurantes y grandes centros de diversión.
El antiguo Puerto Madero hoy es un emporio comercial de primera, con innumerables tiendas, restaurantes, boutiques, etc. “La Boca” sigue con su tradicional atractivo y las Avenidas Corrientes y Santa Fe concentran a grandes núcleos de personas que buscan en ellos relajamiento.
El viejo barrio de San Telmo y el de Palermo no han perdido su atractivo. El Arte con su famoso Teatro Colón y sus museos y casas de antigüedades siguen constituyendo lugares de preferencia para el turista y para los propios residentes.
Buenos Aires sin la menor duda es la ciudad más bella de América. Con su estilo europeo supera con creces cualquier otra comparación que se quiera hacer y Argentina volverá por los fueros de ayer para beneficio de todo los latinoamericanos que siempre hemos admirado orgullosos lo mucho que representa esa gran nación.

101 años de Panamá América

 
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