Tratado de Libre Comercio (TLC)
En días pasados la APEDE bajo la presidencia del Lic. Enrique Arturo De Obarrio, quien con inteligencia y valentía ha sacado al sector empresarial de la abulia en que se encontraba, sostuvo, como anfitrión, una reunión sobre el "Tratado de Libre Comercio con los EE.UU.". Fue esta una de las conferencias más interesantes y docente que sobre este importante tema se han celebrado.
Los expositores Andrés Rosenzucig de México; Eduardo Ayala de El Salvador; Osvaldo Rosales de Chile; Antonio Colerado de Puerto Rico; William Eaton de EE.UU. y Estif Aparicio de Panamá. Todos, con la autoridad que les da su experiencia en sus respectivos países donde participaron, en una forma u otra, en la firma del TLC con EE.UU. compartieron con nosotros - y esto fue importantísimo- los resultados o mejor dicho los beneficios obtenidos con el TLC en México, Chile, El Salvador y el mismo Puerto Rico.
Independientemente de las brillantes e instructivas disertaciones de todos los expositores, me atrevo a afirmar que la gran expectativa era, por razones muy lógicas y comprensibles, las esperadas palabras del Embajador Eaton.
Eaton habló en español e hizo una exposición clara, profunda y minuciosa sobre el tema. Dijo, y me permito entresacar algunas de sus palabras, que "los Tratados de Libre Comercio no son un fin en sí mismos. Solo son el comienzo. Sin los cambios fundamentales en nuestras economías sólo es un bonito pedazo de papel".
Se refirió el distinguido diplomático a las exportaciones de "mas de 300 millones que Panamá hace a los EE.UU" de los cuales "más del 42%, -es decir la mitad- son productos agrícolas. Sin un TLC, con los aranceles que se aplicarían a los productores agrícolas, "arruinarían su competitividad", advirtió.
En su disertación el Embajador Easton se refirió también a los efectos del TLC sobre la pobreza y los consumidores. Manifestó categóricamente: "los aranceles y las barreras no arancelarias son tributos impuestos sobre los consumidores para subsidiar a productores no competitivos; pagamos más por ciertos artículos incluyendo productos básicos. Las ganancias van a un puñado de empresas favorecidas". Dio fuerza a sus palabras afirmando que "al abrir el mercado de arroz los consumidores panameños pueden ahorrarse 179 millones de dólares al año". También recogió información de la "Asociación de Consumidores Libres" que sostiene que el precio de la papa aquí es 4 veces más que en Estados Unidos y las cebollas un 169% más. La leche cuesta más del doble. "Con un TLC los productos de la canasta básica se podría reducir en un 50%.
Sobre lo que EE.UU. busca en todo esto: 1º. Beneficios con el ensanche del canal 2º. La paliación de regulaciones unilaterales sanitarias Eaton manifestó: "Esto simplemente no es cierto. Si ven los otros TLC que hemos firmado, verán también capítulos sobre compras gubernamentales. Esto sencillamente garantiza que las compañías estadounidenses puedan competir en la mayoría de los contratos gubernamentales en igualdad de condiciones con las otras empresas"
Y en relación con las barreras sanitarias que con amplia justificación preocupa a todos los panameños dijo: "Lo que Estados Unidos ha solicitado en las negociaciones es sencillo: solicitamos que el gobierno de Panamá envíe sus expertos y científicos a los Estados Unidos para observar todo nuestro sistema: nos gustaría enviar nuestros expertos a Panamá para hacer lo mismo aquí". Es decir -se entiende- que ambos países tengan regulaciones similares con garantía para todos los consumidores.
Los beneficios de un TLC con los EE.UU. o con cualquier país no pueden verse si no en su conjunto, como he manifestado en distintas ocasiones. Por supuesto que en una apertura de mercado habrá sectores afectados y otros beneficiados, pero la pregunta es: El país se favorece con el TLC, Sí o No?
Reveladora del poco apego a la Ley, inquietante por la disposición a vulnerar "los derechos fundamentales de cualquier miembro de la comunidad universitaria e inquietante porque hace gala de una soberbia de poder gracias a la impunidad que le ha dado la orden presidencial de que: ""No me toquen a Gustavo porque yo lo necesito"", como ha dicho el Presidente Martín Torrijos Espino, a todos los más altos funcionarios del Estado.
¡Increible! pero cierto, en manos de quien está la Universidad y el país.
Los expositores Andrés Rosenzucig de México; Eduardo Ayala de El Salvador; Osvaldo Rosales de Chile; Antonio Colerado de Puerto Rico; William Eaton de EE.UU. y Estif Aparicio de Panamá. Todos, con la autoridad que les da su experiencia en sus respectivos países donde participaron, en una forma u otra, en la firma del TLC con EE.UU. compartieron con nosotros - y esto fue importantísimo- los resultados o mejor dicho los beneficios obtenidos con el TLC en México, Chile, El Salvador y el mismo Puerto Rico.
Independientemente de las brillantes e instructivas disertaciones de todos los expositores, me atrevo a afirmar que la gran expectativa era, por razones muy lógicas y comprensibles, las esperadas palabras del Embajador Eaton.
Eaton habló en español e hizo una exposición clara, profunda y minuciosa sobre el tema. Dijo, y me permito entresacar algunas de sus palabras, que "los Tratados de Libre Comercio no son un fin en sí mismos. Solo son el comienzo. Sin los cambios fundamentales en nuestras economías sólo es un bonito pedazo de papel".
Se refirió el distinguido diplomático a las exportaciones de "mas de 300 millones que Panamá hace a los EE.UU" de los cuales "más del 42%, -es decir la mitad- son productos agrícolas. Sin un TLC, con los aranceles que se aplicarían a los productores agrícolas, "arruinarían su competitividad", advirtió.
En su disertación el Embajador Easton se refirió también a los efectos del TLC sobre la pobreza y los consumidores. Manifestó categóricamente: "los aranceles y las barreras no arancelarias son tributos impuestos sobre los consumidores para subsidiar a productores no competitivos; pagamos más por ciertos artículos incluyendo productos básicos. Las ganancias van a un puñado de empresas favorecidas". Dio fuerza a sus palabras afirmando que "al abrir el mercado de arroz los consumidores panameños pueden ahorrarse 179 millones de dólares al año". También recogió información de la "Asociación de Consumidores Libres" que sostiene que el precio de la papa aquí es 4 veces más que en Estados Unidos y las cebollas un 169% más. La leche cuesta más del doble. "Con un TLC los productos de la canasta básica se podría reducir en un 50%.
Sobre lo que EE.UU. busca en todo esto: 1º. Beneficios con el ensanche del canal 2º. La paliación de regulaciones unilaterales sanitarias Eaton manifestó: "Esto simplemente no es cierto. Si ven los otros TLC que hemos firmado, verán también capítulos sobre compras gubernamentales. Esto sencillamente garantiza que las compañías estadounidenses puedan competir en la mayoría de los contratos gubernamentales en igualdad de condiciones con las otras empresas"
Y en relación con las barreras sanitarias que con amplia justificación preocupa a todos los panameños dijo: "Lo que Estados Unidos ha solicitado en las negociaciones es sencillo: solicitamos que el gobierno de Panamá envíe sus expertos y científicos a los Estados Unidos para observar todo nuestro sistema: nos gustaría enviar nuestros expertos a Panamá para hacer lo mismo aquí". Es decir -se entiende- que ambos países tengan regulaciones similares con garantía para todos los consumidores.
Los beneficios de un TLC con los EE.UU. o con cualquier país no pueden verse si no en su conjunto, como he manifestado en distintas ocasiones. Por supuesto que en una apertura de mercado habrá sectores afectados y otros beneficiados, pero la pregunta es: El país se favorece con el TLC, Sí o No?
Reveladora del poco apego a la Ley, inquietante por la disposición a vulnerar "los derechos fundamentales de cualquier miembro de la comunidad universitaria e inquietante porque hace gala de una soberbia de poder gracias a la impunidad que le ha dado la orden presidencial de que: ""No me toquen a Gustavo porque yo lo necesito"", como ha dicho el Presidente Martín Torrijos Espino, a todos los más altos funcionarios del Estado.
¡Increible! pero cierto, en manos de quien está la Universidad y el país.