Tres (largos) años...
NOS aproximamos al tercer cumpleaños del régimen de turno (60% de su tiempo cumplido). A lo largo de este lapso, el PRD ha gobernado sin frenos, balances ni contrapesos reales, en parte gracias a su mayoría en la Asamblea (ampliada por la compra-venta de tránsfugas) y la obsecuencia del Órgano Judicial y en parte, gracias al impávido inmovilismo de una Oposición dividida, apocada y vacilante. O sea, que aquí se ha hecho lo que ha querido el partido de gobierno y no hay excusas por falencias derivadas de dificultades para gobernar o para acceder a todos los haberes del Estado. Han medrado solos en la cancha, disponiendo de recursos.. han hecho lo que les ha dado la gana y los resultados están a la vista.
Tres años transcurridos y, como dijera (usando esta vez su cita completa) Abraham Lincoln: "Se puede engañar a parte del pueblo todo el tiempo; o a todo el pueblo parte del tiempo. Pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo".
Creo que luego de tres años de prometer más empleo, más seguridad y cero corrupción, los personajes que detentan el Poder han mostrado, a la luz pública, que por más que prometieron cambiar, "la cabra tira pa´l monte" y que no pueden traicionar a su propia naturaleza. "Guardaos de los falsos profetas.. por sus frutos los conoceréis", dice la Biblia (Mateo 7, 15-16). El tiempo, ese gran nivelador, ha demostrado realmente el verdadero material con que estaban hechas muchas de sus promesas de campaña: de puro aire, nada más.
Siempre he creído que nuestro mandatario no es una mala persona y lo sigo creyendo. Es probable que él, personalmente, no sea responsable de muchas cosas malas que han sucedido; pues, como ocurre en muchos casos similares, los aprovechadores y los amigotes siempre se cuelan en los entornos cercados de las cúpulas gubernamentales y muchas veces tamizan y desfiguran la realidad a la vista de sus jefes, incluyendo hasta al jefe máximo. La forma misma en que funciona el desgraciado aparato presidencialista nuestro, lo promueve. Esto, ciertamente, tampoco exime de responsabilidad a nadie y tampoco justifica todos los desafueros que hemos visto suceder.
Para la gran mayoría de los panameños (incluyendo a muchísimos electores que le dieron el voto al PRD en el 2004); hoy tenemos, indudablemente, un país más injusto, lleno de vitrinas, burbujas y espejismos; pero con demasiados pobres (y mucha miseria disfrazada, bajo diversos eufemismos insultantes), con una golpeadísima clase media y con un puñado de supermillonarios, que no dan un real por el país que están destajando.
A pesar de los esfuerzos honestos de algunos pocos funcionarios (los hay) o de la buena fe del Presidente, los panameños de a pie padecemos una vida muchísimo más costosa, más dura e indudablemente más peligrosa que hace tres años. Y sentimos que este es un régimen insensible a la realidad, sordo y sectario en su proceder y que ha vuelto a algunas de las andadas más feas de su pasado.
Como signo de los tiempos, muchos burócratas ya han comenzado a perder el decoro a la hora de hacer sus negociados raros, cosa que les distinguía de la indiscreción y de la chapucería de sus antecesores en el poder. Se están volviendo descuidados en el manejo de su maquillada imagen y están aflorando ante los ojos de la ciudadanía toda clase de bellezas y de viejas malas costumbres, como rellenar planillas con acólitos y oportunistas o vulnerar los derechos ciudadanos mediante la censura selectiva, el espionaje telefónico o eventos puntuales de represión violenta, cargados de ese viejo hedor a dictadura. Ah, como dicen los franceses: "deja vu".
En abril de 2003, faltándole año y poco al gobierno anterior, publiqué un artículo de opinión denominado "Tres años y ocho meses después". Allí decía que: "Creo que, para la gran mayoría de los ciudadanos independientes que en ese entonces apoyamos a Unión Por Panamá, nunca terminaremos de arrepentirnos de haberles dado el voto. Está totalmente claro que esos cientos de miles de panameños cuerdos y con un mínimo de memoria y de pudor, NO volverán a cometer la misma necedad otra vez. Porque los actuales detentadores del poder político en este país no solo NO se ganado el voto del electorado consciente, sino que son merecedores de la repulsa generalizada del pueblo y, en muchos casos, hasta de una sanción ejemplarizante por parte de la vindicta pública. Nuestro único consuelo es saber que solo faltan dieciséis meses para salir de la penumbra. Lamentablemente, la espera se nos hace cada día más larga..".
Creo que todo lo dicho en ese párrafo anterior, aplica textualmente al gobierno PRD-PP actual y a la forma en que se deben sentir los que les dieron el voto (pecado que no cometí, aunque ello no me deja dormir más tranquilo tampoco). Ya lo decía el Dr. Arnulfo Arias, hablando sobre la forma en que las experiencias patéticas se repiten en la historia política de los pueblos. Lo que no sabíamos era que, ha veces, se repiten demasiado cerca, en secuencia inmediata y en versión corregida y aumentada. Aunque parezca mentira. Y bueno, lamentablemente ya de nada nos sirve decirle a ninguno de esos miles de ingenuos, que comieron de esos cuentos de camino: "Te lo dije".
Tres años transcurridos y, como dijera (usando esta vez su cita completa) Abraham Lincoln: "Se puede engañar a parte del pueblo todo el tiempo; o a todo el pueblo parte del tiempo. Pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo".
Creo que luego de tres años de prometer más empleo, más seguridad y cero corrupción, los personajes que detentan el Poder han mostrado, a la luz pública, que por más que prometieron cambiar, "la cabra tira pa´l monte" y que no pueden traicionar a su propia naturaleza. "Guardaos de los falsos profetas.. por sus frutos los conoceréis", dice la Biblia (Mateo 7, 15-16). El tiempo, ese gran nivelador, ha demostrado realmente el verdadero material con que estaban hechas muchas de sus promesas de campaña: de puro aire, nada más.
Siempre he creído que nuestro mandatario no es una mala persona y lo sigo creyendo. Es probable que él, personalmente, no sea responsable de muchas cosas malas que han sucedido; pues, como ocurre en muchos casos similares, los aprovechadores y los amigotes siempre se cuelan en los entornos cercados de las cúpulas gubernamentales y muchas veces tamizan y desfiguran la realidad a la vista de sus jefes, incluyendo hasta al jefe máximo. La forma misma en que funciona el desgraciado aparato presidencialista nuestro, lo promueve. Esto, ciertamente, tampoco exime de responsabilidad a nadie y tampoco justifica todos los desafueros que hemos visto suceder.
Para la gran mayoría de los panameños (incluyendo a muchísimos electores que le dieron el voto al PRD en el 2004); hoy tenemos, indudablemente, un país más injusto, lleno de vitrinas, burbujas y espejismos; pero con demasiados pobres (y mucha miseria disfrazada, bajo diversos eufemismos insultantes), con una golpeadísima clase media y con un puñado de supermillonarios, que no dan un real por el país que están destajando.
A pesar de los esfuerzos honestos de algunos pocos funcionarios (los hay) o de la buena fe del Presidente, los panameños de a pie padecemos una vida muchísimo más costosa, más dura e indudablemente más peligrosa que hace tres años. Y sentimos que este es un régimen insensible a la realidad, sordo y sectario en su proceder y que ha vuelto a algunas de las andadas más feas de su pasado.
Como signo de los tiempos, muchos burócratas ya han comenzado a perder el decoro a la hora de hacer sus negociados raros, cosa que les distinguía de la indiscreción y de la chapucería de sus antecesores en el poder. Se están volviendo descuidados en el manejo de su maquillada imagen y están aflorando ante los ojos de la ciudadanía toda clase de bellezas y de viejas malas costumbres, como rellenar planillas con acólitos y oportunistas o vulnerar los derechos ciudadanos mediante la censura selectiva, el espionaje telefónico o eventos puntuales de represión violenta, cargados de ese viejo hedor a dictadura. Ah, como dicen los franceses: "deja vu".
En abril de 2003, faltándole año y poco al gobierno anterior, publiqué un artículo de opinión denominado "Tres años y ocho meses después". Allí decía que: "Creo que, para la gran mayoría de los ciudadanos independientes que en ese entonces apoyamos a Unión Por Panamá, nunca terminaremos de arrepentirnos de haberles dado el voto. Está totalmente claro que esos cientos de miles de panameños cuerdos y con un mínimo de memoria y de pudor, NO volverán a cometer la misma necedad otra vez. Porque los actuales detentadores del poder político en este país no solo NO se ganado el voto del electorado consciente, sino que son merecedores de la repulsa generalizada del pueblo y, en muchos casos, hasta de una sanción ejemplarizante por parte de la vindicta pública. Nuestro único consuelo es saber que solo faltan dieciséis meses para salir de la penumbra. Lamentablemente, la espera se nos hace cada día más larga..".
Creo que todo lo dicho en ese párrafo anterior, aplica textualmente al gobierno PRD-PP actual y a la forma en que se deben sentir los que les dieron el voto (pecado que no cometí, aunque ello no me deja dormir más tranquilo tampoco). Ya lo decía el Dr. Arnulfo Arias, hablando sobre la forma en que las experiencias patéticas se repiten en la historia política de los pueblos. Lo que no sabíamos era que, ha veces, se repiten demasiado cerca, en secuencia inmediata y en versión corregida y aumentada. Aunque parezca mentira. Y bueno, lamentablemente ya de nada nos sirve decirle a ninguno de esos miles de ingenuos, que comieron de esos cuentos de camino: "Te lo dije".