Tres muertes injustas
EL DOMINGO 14 de agosto, al tomar parte en ejercicios antiterroristas llevados a cabo por un grupo de 31 soldados de varias nacionalidades de nuestro Continente, y bajo las directrices del Comando Sur norteamericano, radicado en Florida (Norteamérica), perecieron por ahogamiento los soldados panameños Luis Pérez, Jackson Angulo y Oscar Durán, tres jóvenes víctimas de la inesperada tragedia. Los periódicos y la televisión dieron rápidamente el informe del acontecimiento, con detalles que no recuerdan las causas originarias del mismo.
Según el artículo 310 de la Constitución panameña (Texto Único), "la República de Panamá no tendrá ejército". Esta abolición del régimen castrense fue saludada con bombos y golpes de pecho y espalda, cuando la eliminación se aprobó en el bienio 1993 - 1994. Pero los Gobiernos nacionales posteriores han hecho caso omiso de tal mandato constitucional, y la peor prueba de ello es la de que en la última década siguiente a esa norma teórica abolicionista, se han firmado y ocultado por nuestros gobiernos nada menos que tres convenios con los Estados Unidos de América, sin publicación en la Gaceta Oficial panameña, ni aprobación del Órgano Legislativo, los cuales confieren facultades al Ejército norteamericano para traer sus naves de guerra a puertos panameños, a las aguas territoriales panameñas y aún el derecho de revisar las naves que llevaran bandera panameña en cualquier mar del universo, todo ello con pretexto del narcotráfico y ahora del terrorismo.
Nosotros siempre hemos repudiado tales "convenios secretos", porque son flagrantemente violatorios de la Constitución panameña y porque son fuente de verdaderos ultrajes a la soberanía nacional. Pero lo cierto es que ni nuestros gobiernos, ni las autoridades nacionales, como a buena parte de nuestro pueblo, les importa un adarme con la prohibición constitucional a que nos venimos refiriendo, y a ciencia y paciencia generales se despedaza la soberanía nacional con tales "convenios secretos" y sus consecuencias específicas.
Se ha esgrimido el pretexto de la seguridad del Canal, como posible objetivo del narcotráfico y del terrorismo, para aplicar esos desconocidos convenios internacionales, y en estos instantes con pérdida de la vida de tres jóvenes soldados panameños, víctimas de la ceguera y actitud entreguista de las máximas autoridades nacionales. Nuevamente repudiamos ahora tales engendros norteamericanos, que arrastran a Panamá, incluso a poner en peligro innecesario la vida de algunos panameños, con ocasión de las "maniobras" simuladas antiterroristas.
La única solución de la posición internacional de Panamá, como país minúsculo y débil, consiste en declarar todo el país, incluyendo el Canal, como una República Neutral, de acuerdo con un pacto de seguridad que involucre a las Naciones Unidas y que sea garante de la neutralidad total. Desde luego que sabemos muy bien que ello no impide el hecho brutal de que una potencia militar invasora, ocupe por la fuerza de sus armas el territorio panameño. Tal hecho no puede ser evitado cuando una potencia militar decida ocupar con sus fuerzas armadas cualquier parte de nuestro territorio, o parte de la geografía del mundo. Pero al menos, podemos plantear ante los tribunales internacionales el escudo de nuestra neutralidad y formular la petición de que se ordene el desalojo de todo el país, cúmplase o no se cumpla tal decisión jurídica.
Así se podrán evitar, en ocasiones, tragedias como la que acaba de cegar la vida de tres jóvenes panameños, que ni siquiera estaban entrenados, ni equipados para evitar el trágico ahogamiento que enlutece a sus familias y a todo el país.
Mientras tanto, nadie mueve ni un dedo contra el trío de "convenios secretos", que son la base jurídica de tan inaceptables muertes, por razón de maniobras militares innecesarias y de supuesta sola conveniencia para Norteamérica, con ultraje de nuestra soberanía y de una neutralidad que hemos debido declarar desde hace muchos tiempos, para que estemos en capacidad jurídica y moral de rechazar las aceptadas e inválidas violaciones de la Constitución y del decoro nacional panameño.
Según el artículo 310 de la Constitución panameña (Texto Único), "la República de Panamá no tendrá ejército". Esta abolición del régimen castrense fue saludada con bombos y golpes de pecho y espalda, cuando la eliminación se aprobó en el bienio 1993 - 1994. Pero los Gobiernos nacionales posteriores han hecho caso omiso de tal mandato constitucional, y la peor prueba de ello es la de que en la última década siguiente a esa norma teórica abolicionista, se han firmado y ocultado por nuestros gobiernos nada menos que tres convenios con los Estados Unidos de América, sin publicación en la Gaceta Oficial panameña, ni aprobación del Órgano Legislativo, los cuales confieren facultades al Ejército norteamericano para traer sus naves de guerra a puertos panameños, a las aguas territoriales panameñas y aún el derecho de revisar las naves que llevaran bandera panameña en cualquier mar del universo, todo ello con pretexto del narcotráfico y ahora del terrorismo.
Nosotros siempre hemos repudiado tales "convenios secretos", porque son flagrantemente violatorios de la Constitución panameña y porque son fuente de verdaderos ultrajes a la soberanía nacional. Pero lo cierto es que ni nuestros gobiernos, ni las autoridades nacionales, como a buena parte de nuestro pueblo, les importa un adarme con la prohibición constitucional a que nos venimos refiriendo, y a ciencia y paciencia generales se despedaza la soberanía nacional con tales "convenios secretos" y sus consecuencias específicas.
Se ha esgrimido el pretexto de la seguridad del Canal, como posible objetivo del narcotráfico y del terrorismo, para aplicar esos desconocidos convenios internacionales, y en estos instantes con pérdida de la vida de tres jóvenes soldados panameños, víctimas de la ceguera y actitud entreguista de las máximas autoridades nacionales. Nuevamente repudiamos ahora tales engendros norteamericanos, que arrastran a Panamá, incluso a poner en peligro innecesario la vida de algunos panameños, con ocasión de las "maniobras" simuladas antiterroristas.
La única solución de la posición internacional de Panamá, como país minúsculo y débil, consiste en declarar todo el país, incluyendo el Canal, como una República Neutral, de acuerdo con un pacto de seguridad que involucre a las Naciones Unidas y que sea garante de la neutralidad total. Desde luego que sabemos muy bien que ello no impide el hecho brutal de que una potencia militar invasora, ocupe por la fuerza de sus armas el territorio panameño. Tal hecho no puede ser evitado cuando una potencia militar decida ocupar con sus fuerzas armadas cualquier parte de nuestro territorio, o parte de la geografía del mundo. Pero al menos, podemos plantear ante los tribunales internacionales el escudo de nuestra neutralidad y formular la petición de que se ordene el desalojo de todo el país, cúmplase o no se cumpla tal decisión jurídica.
Así se podrán evitar, en ocasiones, tragedias como la que acaba de cegar la vida de tres jóvenes panameños, que ni siquiera estaban entrenados, ni equipados para evitar el trágico ahogamiento que enlutece a sus familias y a todo el país.
Mientras tanto, nadie mueve ni un dedo contra el trío de "convenios secretos", que son la base jurídica de tan inaceptables muertes, por razón de maniobras militares innecesarias y de supuesta sola conveniencia para Norteamérica, con ultraje de nuestra soberanía y de una neutralidad que hemos debido declarar desde hace muchos tiempos, para que estemos en capacidad jurídica y moral de rechazar las aceptadas e inválidas violaciones de la Constitución y del decoro nacional panameño.